Hoy vengo ligerito, que es verano y no se piensa
Tengo hoy el objetivo de completar un artículo veraniego, con todas las connotaciones que el adjetivo lleva consigo pero, eso sí, con todo respeto para mis lectores. Es decir, una cosa fresquita, poco comprometida y sin que se note demasiado que no he venido a decir nada sustancial. Aunque sé que muchos de ustedes todavía están en el tajo y contando los días que faltan para huir hacia donde sea, no puedo sustraerme de la tendencia dominante que invade estos días los medios de comunicación, que no en vano vienen a reflejar los intereses de la gente.
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Escribo esta vez mirando de reojo a un nuevo vecino. La plaza de Anaya ha estrenado esta semana una escultura y, aunque no quisiera precipitarme, barrunto que esta colega no nos saldrá aficionada a largas conversaciones, sino que más será de escribir. La pieza es una pluma y ejercerá como uno de los hitos del Camino de la Lengua Castellana, en el que nuestra ciudad está encuadrada con todos los honores. Ya se puede anunciar de forma solemne que la plaza de Anaya tiene pluma, y que la exhibe en la calle con orgullo. Que no es lo mismo que exhibirse por la calle el Día del Orgullo Gay.
Viernes víspera del festival de Eurovisión. Servidor está hasta los “chiki chikis” de la movida del robocó y el maiquelyacson, pero es sabido que estos huracanes arrasan con todo cuando pasan, pero después desaparecen sin dejar rastro. El otro día soñé que los canteros tallaban a un pequeño chikilicuatre de piedra de Villamayor para acompañarme en la portada de Ramos de la Catedral. Vaya pesadilla… Al despertarme recorrí con la mirada todos los rincones a mi alrededor para cerciorarme de que no había un tupé y una guitarrilla de juguete.