Demasiado calor para pensar
Con esta chicharrina que cae resulta sencillo asimilar el concepto de soledad en esta portada de la catedral de Salamanca. Hay que ser temerario para acercarse a admirarnos a la plaza de Anaya bajo el solazo de la tarde. Cada año igual: pese a que siempre viene a vernos algún despistado, sobre todo guiris, el verano espanta al turismo. Se ve que el personal nacional espera su calendario de vacaciones para disfrutar de esas clásicas estampas estivales como son la toalla y el chiringuito playero o el viaje, quien pueda, al quinto pino. Y no me refiero a la entrada del polígono de los Villares, sino al quinto pino de toda la vida, o sea, donde Cristo perdió el mechero. Bien lejos, vaya.
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Anoche me desperté sobresaltado tras vivir una de mis peores pesadillas. Carla Bruni visitaba Salamanca con el único objetivo de verme, y tras pasar juntos una noche maravillosa de la que no pienso darles ningún detalle, ella volvía al palacio del Eliseo son síntomas claros de gripe. De la nueva gripe, antes conocida como la gripe porcina. Inexplicable pero cierto. La primera madame de la France, pachucha de la enfermedad de moda en el mundo y los servicios secretos del país vecino, dedicando todos sus esfuerzos a buscar el origen del contagio en esa misteriosa escapada a España de la que tan poco se sabía. Y ahí estaba yo, hablando mal y pronto, totalmente acojonado por lo que se me venía encima. 