Música para llevarse a una isla desierta…o a Castellón: Los Ronaldos
Posted in Con ella a otra parte on August 15th, 2008
Como véis -hablo en plural mayestático como si no supiera que sólo tengo un lector- mis referentes musicales ya hacían música hace veinte años. Entre que el talento se acaba y que está todo inventao, el silogismo resulta evidente. Hablo ahora de Los Ronaldos. ¿Que si es el mejor grupo español de la historia? Pues probablemente, sí. ¿Qué pasa? Les escuchaba hace veinte años, pero no tanto como desde hace tres. Tres, precisamente, fueron los conciertos que les vi en sus giras de reaparición y en alguno de ellos no pude dejar de saltar. Nunca botar fue tan democrático. En mi cuaderno de C.O.U. junto a un ejercicio de estadística se podía leer aquello de: “Así están las cosas, unas moradas y otras rosas, quien la sigue la consigue, quien no llora, no mama, hoy no me toco el millón en la maquina del bar y lo volveré a intentar, te lo juro calamar”. Toda una premonición. Coque Malla tiene pinta chulo pero es un grande sobre el escenario y Ricardo Moreno, el mejor en la batería. Un grupo que hace algo como “Ya no me engañas” tiene que ser mucho más que un fenómeno para niñas adolescentes. Y lo son. Vaya que sí. Vería otro concierto suyo esta misma noche. En sus tiempos les acusaron de simples. Es lo único que quiero llegar a ser en esta vida.
Vi el final de la victoria de este chaval en un bar al pie de la catedral de una ciudad castellana. Nervioso. De pie. Sufriendo. Y le vi ganar. Y disfruté con él. Nadal es un monstruo. El mejor tenista de la historia de este país, con sólo 22 años, y uno de los deportistas más completos. Lo tiene todo. Un físico extraordinario, una técnica descomunal y una cabeza perfecta. ¡Cráneo previlegiado! que decía Valle. Es una gozada saber que ese chaval habla la misma lengua que yo. El domingo puede ganar -que ganará- o perder -que no lo hará-, pero haga lo que haga, yo nunca olvidaré lo bien que me lo hace pasar. Y como las cosas buenas de la vida, sin pedir nada a cambio. Le he visto casi llorar en el telediario. Le oigo hablar de lo que bien que se lo pasa en la Villa Olímpica con sus compañeros deportistas y le veo tan humilde como siempre. Un espejo en el que mirarse, como jugador por supuesto, y empiezo a creer que como persona también. Un once sobre diez. Una fuerza de la naturaleza. Una fortaleza natural. ¡Vamos Rafa!
Así también juego yo. En el setenta por ciento de las jugadas del equipo de baloncesto de los Estados Unidos hay pasos. Y sólo el uno por ciento se los pitan. Si no saben jugar que no vengan. Y luego, esas posturitas, esas prepotencias, esos mates… buahhh. Cuando Aíto les ponga la defensa 1-3-1 se van a enterar. O cuando los rusos, los argentinos, los lituanos y hasta los griegos les expliquen que el baloncesto está hecho para listos, fuertes pero sobre todo listos.
Si en nuestra vida real siempre fuimos decadentes, él debe ser carne mortal. Un genio, otro más. Lo tiene que ser quien dice que no se puede vivir del amor, quien canta a la paloma más bella del mundo, quien dedica una canción a Maradona (el más grande) y quien habla del Lou Bizarro que, por cierto, cayó por knock out. Grande entre los grandes, mucho más sin esas gafas de sol que impedían ver sus ojos. Como todos los genios, compone más y mejor cuando está triste y depre. Le deseo lo mejor aunque sus discos sean peores. Con lo que ha hecho tenemos bastante más que suficiente. Rodríguez, como yo. De creatividad locuaz, casi diarreica. Letrista monumental, como el estadio de River. Músico total. Argentino, con todo lo que ello conlleva.
Cómo mola esto de los Juegos. Y no ha hecho más que empezar. Lo de la ceremonia fue flipante. Miles de chinos alucinando al mundo. Un espectáculo. Y empieza todo. Y ahí estoy recordando cuál es el sistema de puntuación del bádminton (lo aprendí en Atenas 2004 pero ya se me había olvidado), viendo como las chicas de baloncesto pagan los nervios del estreno y pegando un grito de alegría cuando veo a Samuel Sánchez cruzar el primero en la línea de meta junto a la tremenda Muralla China. Vaya añito que lleva el ciclismo, fuera de tramposos y arruinadores profesionales de vidas. Y mañana, madrugón (8:30) para ver debutar al mejor equipo de baloncesto español de la historia. Me gustaría también ver en directo (3:00) el estreno del equipo de balonmano, pero creo que no doy para tanto. Esto es un no parar. Y que no pare.
Lo más. De lo más. El mejor grupo de la historia. Al menos, de la mía. Llevaba recortado a Knopfler en mi carpeta de 3º de BUP junto a Marta Sánchez. Ningún conflicto existencial. La mente y la carne. Lloré a moco tendido viéndoles por primera vez en el Calderón -qué mejor sitio- en mayo del 91. Qué tiempos. Discos redondos. Canciones monumentales. La mejor forma posible de tocar la guitarra con solo tres dedos. Y con seis. Los sultanes, Romeo, Julieta, ese prodigio llamado Telegraph road, ese otro del túnel del amor y decenas y decenas de pequeñas obras de arte. Bandas sonoras radiantes de películas irrelevantes. Letras aprendidas de carrerilla -”You get a shiver in the dark, its raining in the park but meantime”-, sin entenderlo demasiado bien, pero qué más daba. Podría escribir un libro, pero me han dicho los que saben de blogs que hay que ser conciso en cada post -que así los llaman-. Como el talento se acaba, Knopfler se amariconó, con perdón, y se dedicó a hacer discos de saldo en los que no cabría ni la peor de las canciones de sus primeras obras. Si alguien no conoce alguno de los discos de Dire Straits, que ya me extrañe, le envidio profundamente.
Mike Scott, en la imagen junto al esplendente violinista Steve Wickham, es un genio. Y punto. Creo que esta frase la voy a repetir mucho en esta categoría de tan surrealista blog. Scott es Jagger con veinte años menos. Un monstruo. Un tipo capaz de hacer dos canciones (The whole of the moon y Fisherman Blues) entre las diez mejores de la historia y diez más entre las mejores cien. (Por cierto, cualquier día de estos empezaré a hacer listas de las mejores, las peores, las mediopensionistas…sos vais a cagar). El único capaz de explicarme sobre un escenario la diferencia entre un reel, un jig, una polka… Veinticinco años haciendo música a su bola. Su album “Room to roam”, con casi veinte años de edad, es una delicia. Oírlo en la irlandesa Spidall, mucho más. Los escucho mucho últimamente y cada vez me gustan más. Me estaré haciendo más joven. 
