La llave allen
Las únicas manitas que conozco son las de cerdo. De manazas ando bien servido. Por eso todo aquello que ayude a montar los muebles de Ikea es bienvenido. Aleluya al destornillador eléctrico. Aleluya, también, al de carraca. Inventos ambos excelsos, inmensos, no lo suficientemente valorados. Sin embargos, abran paso a la llave allen. Nada tan pequeño fue jamás tan productivo. Cómo enrosca. Es más, cómo desenrosca. Ese toque sútil que hay que darle en uno de sus extremos para que gire y gire sin cesar en busca de la conclusión del círculo, de la atadura eterna, de la unión como simbólica comunión metálica. ¡Larga vida a la llave allen!