Las pipas de calabaza
Podría comer una tonelada de pipas de calabaza sin parar. Podría apuntarme a un campeonato para ver quién come más en menos tiempo. Me parecen, simplemente perfectas. El hecho de que tengan uno de sus dos extremos perfectos para ser abiertas por unos dientes cualesquiera, les hace grandes. Las buenas están muy buenas. Las malas, buenas a secas. No sé como pueden salir de las calabazas, pero no me importa. Sólo las como. Con profusión. Más que sus hermanas mayores, las de girasol, tan irregulares, tan complicadas de engullir. Contaré, además, que a veces me las como enteras. Lo recomiendo. Hay una bolsa de P¡pas Cubero, de quién si no, altamente recomendable. Sólo el precio (0′85) me impide adquirirlo por docenas. ¡Larga vida a las pipas de calabaza!