Kung Fu Panda, de John Stevenson y Mark Osborne

Ración animada
Tengo hoy el objetivo de completar un artículo veraniego, con todas las connotaciones que el adjetivo lleva consigo pero, eso sí, con todo respeto para mis lectores. Es decir, una cosa fresquita, poco comprometida y sin que se note demasiado que no he venido a decir nada sustancial. Aunque sé que muchos de ustedes todavía están en el tajo y contando los días que faltan para huir hacia donde sea, no puedo sustraerme de la tendencia dominante que invade estos días los medios de comunicación, que no en vano vienen a reflejar los intereses de la gente. (more…)
“Funny Games”, de Michael Haneke

La culpa de la mirada
Tengo un amigo y colega que ama el cine de Haneke porque es de los pocos que se siguen preguntando: “¿quién está detrás de la cámara?” Esta interesante cuestión, que une la praxis fílmica con la reflexión sobre el sentido del discurso y sus consecuencias éticas, se la hacía el retorcido y siempre sugerente Michael Haneke de forma muy explícita en Caché, una de las más elevadas obras que ha dado el cine europeo de los últimos años. (more…)
Los cronocrímenes, de Nacho Vigalondo

Decepcionante debut
Nacho Vigalondo es el nombre de unas de las grandes promesas del cine español. Reputado cortometrajista, su talento está condenado, junto al de tantos otros de su generación, al ostracismo nacional y, en el mejor de los supuestos, al exilio a tierras con mentalidades expresivas más abiertas. A pesar de su condición de creador de culto, su ópera prima como realizador de largometrajes ha tenido que pasar por un impresentable proceso de comercialización y ha llegado a las pantallas de puro milagro. Algo que, por cierto, no le sucede a tanto director carca que acumula fracasos con la misma velocidad con la que levantan nuevos y estériles proyectos.
Así que uno se congratula del estreno de filmes como Los cronocrímenes, si bien la alegría inicial no está en absoluto reñida con el amargo sabor de la decepción que deja el desfile de sus fotogramas ante la retina. El asunto gira en torno a un sujeto pusilánime que se instala junto a su pareja en una casa de campo y que, de pronto, se ve envuelto en una espiral de viajes en el tiempo. La premisa es muy similar a la de la saga de Regreso al futuro, pues los conflictos del protagonista tienen que ver con el conocimiento de lo que sucederá y con las preocupantes consecuencias que podría tener una intervención sobre el pasado.
La narración se plantea a partir de muy pocos personajes –cuatro en total– que tejen una especie de cuento que baila entre el terror y la ciencia ficción de serie B de escaso presupuesto e intenciones voluntaristas. El director asume, por lo tanto, un riesgo tan merecedor de admiración como lastimoso en resultados. El relato pierde fuelle a medida que avanza porque se hace reiterativo y languidece en la misma medida que las interpretaciones de los actores, de largo lo peor de esta ópera prima. Además, la acumulación de gratuidades es excesiva hasta para el más crédulo de los amantes del género, mientras que el desarrollo de los personajes es prácticamente nulo. Sólo algunos pasajes inspirados en cuanto a realización nos hacen recordar que Vigalondo posee un talento que ojalá aflore en la próxima ocasión… si la hubiere.
El incidente, de M. Night Shyamalan

Fábula y disparate
Me deja un cuerpo raro la última obra de M. Night Shyamalan. El autor de El sexto sentido y El protegido –para quien esto escribe, su mejor filme de largo– profundiza en dos líneas de las que ya avisaban El bosque y La joven del agua: una, la de la fábula política y moral; y, otra, la del esquematismo argumental, por no decir la anorexia narrativa. A ver si logro explicarme: parece que las últimas creaciones de Shyamalan valen más por su riesgo e intención que por sus modales fílmicos, rebajados a una esencia tan mínima que a veces rozan lo paródico.
El arranque de El incidente no puede ser más impactante. De pronto, en mitad del Central Park neoyorquino, la gente empieza a suicidarse. Enseguida se desata la psicosis estadounidense sobre un ataque terrorista, aunque esta vez los sucesos respondan a una venganza que la madre naturaleza se toma contra la especie que la está agrediendo sin piedad. La propagación del mal suicida obliga al trío protagonista –un matrimonio en crisis y una niña– a un éxodo en el que se van encontrando con gente bastante extraña que no hace más que aumentar su confusión.
Una confusión que, por cierto, se le contagia pronto al espectador. Casi todo resulta desconcertante en el relato, sobre todo la construcción de unos personajes impertérritos que se comportan de una forma poco humana y que, además, sueltan unas perlas verbales que a mí me resultan grotescas. Los diálogos, artificiosos y rimbombantes, desactivan buena parte de la verosimilitud de El incidente, si bien no parece que eso le importe demasiado a su autor.
De hecho Shyamalan subraya un aroma a serie B en su película que también le otorga cierto encanto. La atmósfera casi freak y la excentricidad de algunos pasajes se llevan a la pantalla con un sentido visual que seduce la mirada porque el realizador sabe muy bien qué hacer con la cámara. Por eso estoy dispuesto a atenuar mi juicio y a pasar por alto la ingenua y pesada apología del amor redentor del desenlace y otros grosores de un filme que conviene no tomarse demasiado en serio.
“La vida sin Grace”, de James C. Strouse

El drama sin fin
La guerra es un drama universal, de eso no tengo duda. Incluso el más justo de los conflictos genera dolor, pérdida y sufrimiento, sentimientos que se hacen especialmente terribles cuando lo que hay en juego es el negociete de unos pocos. Lo de Irak, por ejemplo, pertenece a este segundo tipo de asuntos bélicos y se ha convertido, sin duda, en un referente argumental inexcusable para el cine estadounidense de nuestros días. (more…)
La niebla de Stephen King, de Frank Darabont
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El auge del terror político
Apenas hay películas de terror producidas en Estados Unidos durante los últimos seis años que no remitan a las secuelas dejadas por los atentados del 11-S. Tal y como ha sucedido en otros momentos de la historia, las heridas provocadas por acontecimientos reales y violentos han alimentado la creatividad de las industrias culturales, prestas a elevar el eco de los traumas colectivos. La niebla de Stephen King –pues se trata de la enésima adaptación de una obra del escritor de Maine– se inscribe, sin duda, en los parajes de la parábola política y antropológica. (more…)
“Antes que el diablo sepa que has muerto”, de Sidney Lumet

Contundente thriller
El maestro Lumet, insigne representante de la “generación televisiva” de Hollywood, sigue en plena forma. A sus casi 84 tacos ha decidido morir matando. Demasiadas gotas han caído del cielo desde aquellos Doce hombres sin piedad y su carrera, tan irregular como salteada de títulos gloriosos, entró hace tiempo en un ocaso que ahora se matrimonia con la sabiduría gracias a la sinceridad de quien hace del cine un ejercicio lúdico.
“Indiana Jones y el Reino de la calavera de cristal”, de Steven Spielberg
Digno pasatiempo
Pues ya está, ya pasó. Después de años hablando de su regreso y tras generar estériles debates y rentables polémicas ya hemos vuelto a ver en acción a Indy, ese héroe ochentero y mítico. Sexagenario y todavía magnético, el doctor Jones vuelve a ponerse su sombrero y a atizar con su látigo a los malos –soviéticos estalinistas, en esta ocasión– mientras busca tesoros que confieren grandes poderes. Nada nuevo bajo el sol de justicia que castiga la piel del arqueólogo cinematográfico por antonomasia, salvo, claro está, la conciencia del pasado y el gusto por el guiño, la reescritura y la barra libre de autohomenajes. Que, en cierto modo, y a qué negarlo, tiene su punto.
“Indiana Jones y el Reino de la calavera de cristal”, de Steven Spielberg
“Una chica cortada en dos”, de Claude Chabrol

Frío e irregular Chabrol
Aunque siempre interesante, he de añadir. Ajustarse a las limitaciones de un título tiene estas cosas, que a uno se le queda corto el espacio cuando tiene enfrente una obra tan fecunda en matices como el privilegiado cerebro que la pare, propiedad en este caso de Claude Chabrol. Un señor, por cierto, casi octogenario y cuya venenosa mirada sigue en forma, por lo que conviene seguirle la pista en estos tiempos de fastos que recuerdan el 68, aquellos tiempos en los que él formaba parte de las nuevas olas cinematográficas, tan ingenuas como apasionantes. (more…)