Belleza exagerada
Amanece. Comienzan las persianas a rasgar la madrugada con sus sonidos tan incómodos. Las nubes han sido desplazadas por un leve levitar de viento paralelo y han deformado la estampa como la cara de un boxeador destrozado. Llegado al punto que el espectáculo es tan deslumbrante he bajado del todo la persiana. Así otra vez una noche fingida. Donde nadie apenas me nota nada. Salvo a mí, que ¡no vean cómo me noto!
Acabo de dejar de respirar, ya no me importa. Comienzo a dejar de ser un ente detectable. Read more »
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