Humanimalidad.
Escribo boca arriba, en posición médicamente recomendada. Estaba haciendo un repaso a la de cosas que no escribo por desinterés y pereza. Aburrirme no me aburro. Prometo escribir algún día con entusiasmo. En cuanto pase el frío, tengo como propósito inmediato fortalecer el ánimo y los glúteos, que me espera contigo, una larga huida sin peajes, trotando en aquel caballo dibujadamente blanco que asomaba ante tu asombro, la cabeza por la puerta. Ensoñamientos así de trasnoche, es lo que me viene, que prefiero irrealidades. Hacerme sangre o cualquier flujo.
Ante el evidente estancamiento de mis textos. Debiera empezar a ser cronista. Comprobar, si el Hombre es fruto de la necesidad y del azar, si su Historia guarda algún orden estético, o camina siglo a siglo desbocado. Debiera estudiar los motivos que se dan en contra de la lógica, e ir encontrando los parámetros de tantísimo equivoque. Con los que hallo, construyo invisibles redes y cimientos. Mientras, debiera bajarme al bar, socializarme y opinar sin saber, como se hace, de toros, televisión, política y de fútbol. Apuntarme a costalero de algún paso para la semana santa, de uno cualquiera, pero que pese demasiado. País éste tan íntegro de católicos, tan de apostólicos y tan de rumanos… y otras razas… algunas sin papeles.
Ante la rabia, lo primero que hay que hacer es quitarse la espuma de la boca. Eso me ocurre cuando descubro el truco de la realidad que tratan de vendernos. Y analizo la política y vierto espumarajos. La miro desde la distancia propia donde el subjetivismo se torna objetivo, del que no tiene nada que perder, ni de empatar en el último minuto. Y me dan asco. Detrás de una decisión política, no lo duden, existe un interés financiero. Fíjense por ejemplo en un alcalde, anoten sus cacicadas. Me llevaría folios enumerarlas, elijan a su disgusto. El pueblo le suda litros la entrepierna. Detrás de sus decisiones, acaba una empresa económicamente favorecidísima y miles de contrariados. Esos son los seres que el sistema ha impuesto para gobernar a las masas. Triunvirato político-constructora- banca, realmente repugnante. Hablo en pequeñas escalas, así, en las de mi ciudad, las cotidianas. Despertemos o sigamos siendo adocenados.
Acabo de lavarme las manos. Recuerdo tus toallas. ¡Atención, es la hora en punto de los besos! démonoslos hasta hacerlos incontables. Bebámonos a sorbos infusión de pentabarbitol de sodio después de la comida y descansemos en paz para la última siesta, abrazados como pulpos. Vayámonos así del todo, sonriendo, entrelazados, salvos y sanos (culito de rano). Tú, la mejor de mis costumbres.
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