Cientonce

Tres pasadas de la tarde, apunto de llover pero no llueve. Bienvenidos a la vida exagerada de Roberto Moura. Las aceras reciben cansinas pisadas de vuelta a casa. Una ambulancia corta la quietud de este momento. Alguien se muere, sugieren escandalosas, las alarmas. Un violín corta ahora mi alma imprecisamente por la mitad. El tiempo se ha almacenado en mis ojeras. Sentado al borde de la luz, afuera de los ruidos, escribo desde dentro del amor, desde donde todo aún se puede todavía. Me reencuentro con ustedes en este mes que aún siendo estival, no es tratado como tal y se cierran las piscinas. La ciudad se vuelve a rellenar de tantas vidas, ausentadas hasta ahora por quincenas. Colgamos el bañador y nos vestimos de respetables ciudadanos. Los trabajos que van mal, tomarán renovadas energías para ir peor. Llega el nuevo curso y hemos de conseguir los libros a precios elevados. Las editoriales nos instruyen lo mismo año tras año pero decorando las portadas. Paguemos mucho por aprender lo poco que nos enseñan los libros escolares.

Este sistema va a trompicones, cada vez hay más cosas y cada vez más caras. Sobran intermediarios y consumo irresponsable. ¿Crisis? Yo llevo años en crisis y ahora me lo dicen. ¡Qué pena! Ya no podemos comprarnos el noveno par de zapatos, a juego con el color de ojos de la persona más amada. Como aquel mal chiste de la buena infancia, venderemos nuestros coches para comprar la gasolina. La crisis es para los de siempre. Las ventas de utilitarios caen mientras los enormes autos para cazar búfalos atascan nuestras calles. Pero estoy tranquilo, todos cumplen la normativa de ser altamente contaminantes, menos mal. El hormigón aquí ya no es rentable, urbanicemos Rumanía.

Este régimen capitalista atrae como un fuego de artificio, dices oooh qué bonito todo el rato y al final nada, salvo un insoportable humo y olor a chamusquina. Así nos ven allá a lo lejos, al subir a las pateras. La sangre es roja siempre. El alma oscura a veces. No nos equivoquen los colores de las pieles, ni los rasgos de las caras. Ni las estructuras mentales ni las mentes desestructuradas. Que aquí vinimos a ser lo que podamos. Si nos dejan, claro. Que nadie venció nunca al cansancio de vivir. Y los viejos sólo se preocupan de ser viejos. 

Mi ciudad se prepara para las Ferias otro año. Hay que sacar más dinero al contribuyente en forma de casetas. Hoy si no gastas no tienes derecho a un ocio altamente envidiable. Yo estuve allí, doy fe y pagué por demostrarlo. Sean felices, consúmanse consumiendo. Compren mucho, todo, háganse con ese utensilio que no saben ni para qué sirve. Olvídense de ser humanos, compren ciudadanos, no infrinjan nuestras leyes inventadas. 

Que con septiembre vengan los vientos, a ver si lo arrastran todo. Mientras tanto, en mi asfixia, dame aire con tu pelo.

 

1 Comment so far

  1. AlguienQuePasaba on September 6th, 2008

    esto nunca cambiara, siempre ha sido así, es ley de vida, quizás.

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