Civilización dormida

Siempre me ha seducido la quietud que pretende la noche, cuando las almas se desenchufan unas horas de la vida y entra en un estado latente y oscuro tal, que se desactiva la colmena. Abandonaron sus pertenencias así, sin más, al extinguirse ellos mismos en los dormitorios de sus pretendidas que no siempre conseguidas casas. En mis paseos nocturnos -la noche me da que me quita mucho público-  casi me siento protagonista del Último Hombre sobre la Tierra que impávido contempla los vestigios de civilizaciones pasadas sin entender apenas nada. Veo los escaparates y compruebo la de millones de cosas que me sobran, pero eso sí… son tan hermosas.

Pienso. ¿Cómo un transistor coreano puede tan sólo costar tres euros con noventa y nueve? Por ejemplo. ¡¡Si ha venido en carretera, pagando personal, gasolinas y peajes… después de venir en mar, pagando personal, carburantes y aranceles… después de ser manufacturado por los niños sin sonrisa del país que a nadie importa, ensamblando materiales, que a su vez han sido pagados para obtenerlos o crearlos!! ¡La de transacciones que se hicieron, virtuales, en papel impreso o en metálicas rodajas!… Inspiro, como quien ya no entiende nada y casi todo lo comprende. Vago sin rumbo, pero al viajero le interesa en exceso, dónde descansará al finalizar su jornada. Y de hacerlo, que sea estupendamente. Paseo por las ruinas de la naturaleza que fuimos asfaltando. Ahora que voy cabizbajo, me fijo en los chicles deshidratados que fosilizan las aceras. Restos elásticos de una maravillosa fuente de ADN con sabor a todo tipo de sabores. Lo que me hace pensar que la especie a la que no quiero pertenecer, era muy tolerante, sobre todo con la higiene. 

En una de mis recientes caminatas, pasó a mi lado un tipo con la pinta redundante de un borracho. Se precipitó hacia mí y me dio la mano balbuciendo con acierto algo que descodifiqué como ¡ieputa! No supo ni pudo articular un movimiento de lengua más inteligible, tan sólo abría repetidamente los globos oculares más allá de lo que se considera normal en las escuelas. Marché. Subsistió ahí luchando por la conquista de la verticalidad y del decoro… y con su lengua. Pero ese hombre no era uno de los míos, era tan sólo uno de los muchos “Últimos Hombres de la Noche”.

Que estos días, hubo más población afectada por metro cuadrado y urbano. Por lo visto, el Gobernante y Amigos S.L. de mi ciudad, ha desprohibido que el alcohol pueda ser ingerido libremente por las calles (van a comisión) Y sin quererlo, lo sé, perjudicó mis intereses. Hay que poner orden, señor alcalde: Antes salía y no había tanta gente autorizadamente borracha por las calles. Quiero que todo el mundo cuando yo salga de paseo… ¡se me duerma!  

Esta noche, como todas, el mundo quedó preciosamente extinguido. Amanece. Me voy a la cama, que resucita. Mañana, quedaremos tú y yo, indiscutibles, bajo la luz de la luna, en los contenedores de basura (¿reciclable?) que hay enfrente de tu casa. Y juntos, lo juro, imaginare… crearemos otro mundo más veraz e inexistente.

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