AC sin DC

Hoy podríamos dedicar estas líneas a disertar sobre las bonanzas o malanzas del aire acondicionado. Es un tema recurrente y que además no sé que ministerio ha puesto muy de moda este verano. Vaya por delante que si yo gobernase algún día (el mismo pensamiento que tendrá ahora mismo Rajoy), que por supuesto no lo voy a hacer (el mismo pensamiento que tendrá ahora mismo Rajoy), instauraría la pena de muerte para todos los aparatos de aire acondicionado del mundo. Si hay algo nocivo es ese chorro de aire frío que curiosamente siempre te da en el cogote o en los riñones y que te deja pajarito. Uno ya no sabe que hacer, es un poco como la tele y el mando a distancia, ahora lo enciendo, ahora lo apago, ahora le quito un grado, ahora le pongo dos. Uno no para de tocar el jodido mandito porque uno no para de sentirse ahora bien, ahora mal, ahora bien, ahora mal. Y luego sin contar con las diferentes sensaciones de cada persona, porque lo que para mi es cercano a la congelación para otro son unos goterones de sudor cayéndole por la frente y una mirada asesina pañuelo en mano que te deja aún si cabe más frío. Trabajar en un lugar en el que la temperatura se regula desde la propia sala puede llegar a convertirse en la peor de las pesadillas de ahí que las empresas inteligentes tiendan a centralizar todos estos temas en una sala de mandos a la que cada mañana llega el operario de turno con su lista de ordenes bajo el brazo y lee: “Hoy a 22º”, y hoy a 22º para todos y a joderse tocan. Ni embarazadas, ni alérgicos al polen, ni obesos de 120 para arriba, si el jefe de mantenimiento ha dicho que a 22º pues a 22º. Cuando yo mande (que no lo haré nunca, como Rajoy) trataré este tema como el del tabaco; el que quiera refrescarse o que se traiga un ventilador de casa o habilitaré zonas comunes donde la gente podrá ir a meterse un chute de aire frío sin molestar a los demás. Otra solución es dejar siempre puesta la tele en verano… porque como no hay nada de nada pues…te deja frío