El mueble
El otro día discutíamos mi pareja y yo sobre el diseño del mueble para nuestra nueva televisión. No tenemos hijos, pero me imagino que la conversación se pudo producir en los mismos términos en los que otra pareja cualquiera estaría decidiendo sobre que cuna es la más apropiada para el recién nacido. A que altura debería quedar la pantalla, cuantas estanterías serían necesarias, todo del mismo color o con algún toque a juego con el salón, VHS sí o no, con ruedas o con giratutto para las cenas en la terraza. Cuestiones todas ellas importantes y que a la larga pueden marcar la relación, al igual, supongo, que la elección de una cuna. Que si más alta para que no trate de escaparse, que si los barrotes de color a juego con la cenefa de la pared, que si por supuesto con ruedas para poder limpiar bien por debajo. Cada uno le damos importancia a lo que tenemos porque para eso lo tenemos. El que entre una nueva televisión en casa tan importante o más que la llegada de un recién nacido porque siempre es un tema pensado, meditado, valorado y aceptado por las dos partes. Por el contrario una nueva criatura puede llegar o bien de esta manera o bien por sorpresa, y yo no me imagino a ninguna pareja en la que uno llegue un día a casa y diga: “Cariño, vamos a tener un plasma de 42 pulgadas”. No, eso nunca pasa porque es mucho lo que se juegan los dos metiendo una nueva tele en el salón. Aquí no valen ni noches de pasión, ni el aquí te pillo aquí te mato, ni nada de nada. No hay lugar para el error. En el caso de los niños luego a la larga todo termina aceptándose y hasta les coges cariño, en el caso de las teles no. Y cuídate muy mucho de intentarlo y de querer sorprender tu pareja porque se volverá siempre en tu contra, años después te lo seguirá recriminando: “esa no era la que yo quería”. Por eso en caso de duda ni te lo pienses… a por el bebe ¡