Vacunas

Un síntoma inequívoco de que el veranito llega a su fin es que me he pillado el primer catarro de la temporada. No sé si las molestias alcanzan el grado de las de la gripe pero se parecen. Que no digo yo que no sea gripe pero con veinticinco grados de temperatura exterior me da que los bichitos esos tan joputas que nos destrozan en invierno aún no se han trasladado a nuestras casas. Ellos son más de frío, más de pillarnos por sorpresa cuando se nos olvida anudarnos la bufanda, porque ellos, amigos míos, están a la que salta y cualquier desliz o mínimo descuido involuntario es excusa suficiente para atacarnos sin piedad. Leo que ya están disponibles en los ambulatorios las vacunas para combatir a este temible enemigo y me digo; ¿debería pincharme este año?…  Pero ¿para qué?, si yo no estoy dentro de los grupos de riesgo que dicen por la tele… O a lo mejor sí, vete tú a saber, que en la tele se dicen muchas cosas y no vaya a ser que se hayan olvidado de incluir a los cuarentones asmáticos y la liemos. Además, ¿no se queja el PP que en los Telediarios de la 1 (ya no la Primera, ahora la 1) se equivocan mucho cuando dan noticias de sus dirigentes? Pues si se confunden con este tema tan trascendental para el devenir de la humanidad por qué no lo iban a hacer con los grupos de riesgo de los achuses. Esto es un sin vivir porque me temo que nos metemos en periodo pre-electoral (si hombre, ese espacio de tiempo que debería durar dos o tres meses pero que para algún partido de derechas que empieza por P y termina por P viene durando los cuatro últimos años) y ya no se hablará nunca más de la gripe, ni si Raúl debe de ir a la selección,  ni de nada y me voy a quedar a sin saber si debería o no pasar por el pinchacito. Ahora solo escucharemos (pronúnciese  inmovilizan el labio superior) ¡Vaaayasé, señor Zapatero… Vaaayasé¡… Y contra esto no hay vacuna, ¡horror¡

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