El Tango

Se escucha la música que hizo celebre a Gardel mientras que paseo por un coqueto y celebre cementerio en el centro de la ciudad de Buenos Aires. Dicho así puede sonar un poco raro pero si en este campo santo se encuentran los restos de la mismísima “Evita Perón”, mausoleo solo superado en número de visitas por la rockera tumba de Jim Morrison pues la cosa ya cambia. A mi lado un guía, que podría ser cualquier cosa por la cantidad y la calidad de sus conocimientos, me va contando todos los detalles sobre la vida de ésta odiada y a la vez venerada señora. Y aquí la cosa también va por barrios, como allí. Los que la elevan a los altares como la defensora de los pobres y los que la hubieran querido ver muerta mucho antes por fascista consorte. Yo, que más o menos ya me sabía la historia, escucho con cierta atención (no mucha porque se acerca la hora de comer y el estómago avisa) la pasión que mi buen amigo Carlos, de Carlos Tours SA, pone en todo su relato. Me habla de las hermanas de la doña, de su hermano play boy, de su embalsamador aragonés (excelente el tipo por lo visto), de su cáncer de útero, de sus años de desaparición ya siendo cadáver, etc, etc… El tipo parece saberlo todo che¡ No para de remarcarme, cinco veces para ser más exactos, que la gran paradoja de “Evita” es la de estar enterrada en el cementerio de los ricos al lado de todos aquellos que la odiaron en vida. Sí, ya lo has dicho antes Carlos, le digo, pero él insiste tratando, creo, de adornar al más puro estilo porteño la historia. Cuando uno por educación no sabe como hacer callar a esa máquina de sabiduría infinita y está ya hasta los cojones de “Evita” & Co recurre al tópico que más nos une a lo de este lado y a los del otro. “Que, Carlos…mañana Boca se juega la liga contra Lanus “ “No me gusta el fútbol” me responde. ¿Argentino y no le gusta el fútbol? Éste es la versión criolla de los de los documentales de la 2. Hoy a las seis de la tarde la ciudad está paralizada por el partido y Carlos, el erudito, frente al televisor, me juego el cuello. Si “Evita” levantase la cabeza