El gallinero
¡La que se ha liado en el gallinero de la acera de enfrente¡ al gallo protector le ha salido una gallina respondona, y vaya gallina y vaya respondona. Se veía venir desde el mismo momento en el que se cerraron las urnas y los primeros datos cubrían, una vez más, de sombras el balcón de la calle Génova. Con esto de la bien hallada igualdad, las gallinas ahora quieren ser gallos, ¡y de pelea¡ Y me parece cojonudo. Si el gallo no da la talla, y van dos, pues el gallinero se mosquea y ¿qué hace todo el mundo (uy, se me ha escapado la palabra mundo)?, pues pone sus ojos en la gallina más ponedora con diferencia del corral. Ésta, acostumbrada a lidiar con gallos más altos y con gallitos, pues se crece y alentada y jaleada por su cohorte se postula como nuevo gallo del lugar. El resto de gallos, cansinos, desgastados y acomodados bajo el ala protectora del gallo líder, cacarean (¿se dice así?) su disconformidad en aras de la defensa a ultranza de su posición de privilegio, incluso el gallo más viejo, viejísimo, del lugar manda, con su ya inteligible acento gallego, callar a la gallina respondona. Otros gallos se han conformado con darle un capón porque no vaya a ser que la terca caponata algún día se haga con el poder y tampoco conviene ponerse tan en contra. La cosa debe tener su miga porque el otro día la gallina tuvo un programita para ella sola en la cadena esa que pagamos todos y que no vemos tantos para explicar el quid de la cuestión. Todos los allí presentes echaron el resto para tratar de que la gallina pusiera un huevo, pusiera dos… pusiera tres, pero nada que no había manera, una hora de preguntas y repuestas para no escuchar ni una palabra aclaratoria sobre el tan cacareado asalto al poder. La semana pasada una mujer embarazada pone firme a un capitán, al otro lado del charco una mujer se postula para dirigir el país más poderoso, y ahora una gallinita se quiere cepillar a un gallo… ¡qué de puta madre amigos¡