Qué rebOTe

No se me vaya a mosquear nadie si suelto así de golpe que todo ese mal rollo que se respira este año en la edición de Operación Triunfo es pura farsa. To toito está escrito en una cosa que se llama guión y que cada uno de los personajes que salen cada noche en la Gala se tienen que aprender de memoria y seguirlo al pié de la letra. Ni Risto es tan cabrón, ni Jesús Vázquez tan gallito, ni Noemí tiene el poder que aparenta… todo es mentira.

Lo que pasa es que cada edición el listón se pone más alto y hay que darle más carnaza al espectador para que siga enganchado y no le de por coger un libro y ponerse a leer. El trabajo del pobre guionista es jodido porque no solo se trata de crear personajes (Risto por ejemplo es un personaje absolutamente creado y compuesto para este papel y sé de lo que estoy hablando) sino de hacerles crecer para que cada semana su aparición sea esperada como una parte más del contenido del programa. Ahora han introducido la línea de los enfrentamientos y parece que les funciona o así lo cantan los números; la edición de este año comenzó con audiencias más flojas que la edición anterior, el segundo programa no remontó y el tercero muy poco. Es entonces cuando se pone a trabajar toda la maquinaria para resolver la situación. Polémica, mucha polémica esa es la receta. Se comienzan a producir desavenencias en el seno de jurado, Risto nómina a la que según Noemí no hay que nominar y se monta el tinglado. Luego la supuesta nominada cuando descubre que no lo es casi se caga en la madre que parió al payaso de las gafas y es entonces cuando el intrépido Vázquez mete baza y se pone de parte de la afectada increpando la actuación de Risto, es decir una telenovela dentro de OT. Ya si cantan bien o mal los chavales pasa a ser secundario, manda el guión y hay que potenciar esta nueva trama porque la otra ya no se sostiene. Es lo que es

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