La mariscada
Nunca pe
nsé que de mi torpe cerebro saliera jamás una orden a los músculos flexores de mis brazos, que a su vez hacen que se muevan mis manos, que a su vez hacen que mis dedos se activen y tecleen lo que ahora voy a escribir: ¡Bien, Mariano, bien! Detrás de ese aspecto de pánfilo ensimismado descubrimos que se esconde un pequeño reducto de inteligencia que ha tenido que buscar y desempolvar (ni se acordaba el tío donde la tenía) para empezar, por fin, a tomar decisiones por el bien de un partido que con mogollón de votos detrás no ha sido capaz en ocho años de llegar al poder.
El bueno de Mariano finalmente se ha percatado que el supuesto olor a centolla de la ría no era otra cosa que el tufillo de unos berberechos en muy mal estado. ¿Y qué hace? Pues abrir la tapa del water, arrojarlos dentro y tirar de la cadena porque ya se sabe que el marisco en mal estado puede causar graves consecuencias. Eso es lo que le estaba pasando al partido de Mariano, que la parte del marisco que estaba más a la derecha de la bandeja estaba malo, podrido y eso hacía que la gente pues como que no se atrevía a meter mano por si las moscas. Ahora por fin parece que el santurrón se ha percatado y ha abierto las ventanas de Génova para airear las estancias y claro, los más frioleros se le han quejado, los de UNA, GRANDE Y LIBRE se han pillado un mosqueo del ocho y no consienten que su líder se baje los pantalones ante una realidad que clama a gritos lo que el pobre hombre está haciendo. Y ahora, una vez cortados los hilos que movían las manos del otrora gambón de poblado mostacho, Mariano & Co se nos escoran hacia el centro, que es donde siempre han tenido que estar tanto por su bien como por el resto de ciudadanos que no le votamos pero que necesitamos enfrente un rival serio y coherente. ¡Bien Mariano, bien!