Catorce millones
Si las cosas nunca son lo que parecen ¿por qué hay cosas que siempre parecen lo que son? Me había prometido no volver a hablar del tema Chikilicuatre pero catorce millones de razones me hacen retractarme de lo dicho y no tengo más remedio que volver sobre el tema. Mis más negros temores se confirman, una vez más, somos un país de charanga y pandereta, y de muchas horteradas y macarradas más.
Dicen que nos hemos convertido en la séptima potencia económica mundial, que incluso hemos adelantado a los italianos, pero eso no evita que seamos unos cutres de cojones, catorce millones de cutres para ser más exactos y yo entre ellos. Qué más da, si en el fondo es que somos así y aunque las encuestas dicen lo contrario; dicen que somos una sociedad moderna, avanzada culturalmente y bla, bla, bla… mentira de la gorda. Todos hemos criticado la operación de márketing que ha habido detrás de la nominación de Eurovisión este año, todos hemos sentido cierta vergüenza ajena al ver ¿cantar? a este personaje, todos hemos jurado que no perderíamos ni un minuto del sábado por la noche en ver a tal esperpento, todos hemos jurado tantas cosas que nunca hemos cumplido. Catorce millones de gentes marcadas de por vida, catorce millones de personas sin crédito, sin estilo, sin gusto, sin nada mejor que hacer. Y aquí no hago distingos porque rojos, azules y hasta verdes ya tienen una razón para sonrojarse. En el fondo me alegro porque sé que no estoy solo y que tanto rollo con el tema de los vascos, los catalanes, los gallegos para resultar que somos todos iguales, igual de impresentables. Que estén tranquilos nuestros fachitas de moda porque España no se rompe, ¡qué cojones¡, está más unida que nunca.