Parálisis
Escribo estas líneas horas antes de que, seguro que se bate el record del mundo mundial, la roja se mida a Rusia y millones de trillones de españoles, inmigrantes y asimilados se aposten ante los televisores comprados gratis en Media Markt (je, je, je) para devorar el penúltimo paso que nos separa de la gran cita con la historia. Esta noche se para hasta el reloj de la Puerta del Sol y que a nadie se le ocurra ponerse malo porque en urgencias no van a encontrar a nadie para atenderles.
No pidan pizzas a domicilio, ni comida china ni nada que le suponga a alguien despegarse de la tele durante los, esperemos, noventa minutos que dure el choque. Bajará el consumo de agua (nadie osará a levantarse del sofá para hacer pis) y subirá espectacularmente el de birras y el de patatas fritas y panchitos. Las taquilleras de los cines se podrán llevar la calceta al curro, los conductores del metro podrán, por fin, hacer derrapes en las curvas y los taxistas acabarán con las existencias de palillos de los bares. Los bebes tendrán enchufado un maxi biberón de cinco litros para que no puedan ni abrir la boca y las residencias de ancianos hoy se ahorran la cena. No habrá mimos ni titiriteros en los semáforos, ni chorizos en los pasillos oscuros de los paso a nivel, ni bomberos que bajen gatos de los arbolitos. Las prostitutas aprovecharán el día para hacer su asamblea bianual y Rafa Nadal adelanta su partido de Wimbledon para no verse obligado a endosar a su rival de hoy un seis cero, seis cero. Los críticos de PP mantendrán la boca callada durante noventa minutos y Mariano respirará tranquilo también durante noventa minutos. No se pondrán multas de la hora, ni por exceso de velocidad y nadie perderá puntos por hablar por el móvil. Nadie comprará un libro ni escuchará el último trabajo del Cigala. Nadie hará nada más que estar sentado enfrente de una tele viendo a veintidós tíos corriendo detrás de un balón para que al final siempre termine ganando Alemania.