Las Olimpiadas
Hoy comienza el gran evento del año, las olimpiadas. Creo que es la única vez en la que soy capaz de ponerme delante de la tele y tragarme lo que me echen, y cuando digo lo que me echen me refiero al tenis de mesa, a la natación sincronizada, y al tiro con arco inclusive. No importa, da igual el deporte del que se trate, son las olimpiadas y se ven aunque sean esta vez en un país un poco dudoso, o muy dudoso. Los deportistas no pueden hablar de política, no hay acceso completo a Internet, se controlarán todos los movimientos de los turistas, y se ha sacado de las calles a toda esa escoria que podía poner en tela de juicio la grandeza de este gigante asiático… de puta madre el COI que ha sido capaz de darle este caramelito a tan mosqueante sistema de gobierno. Con todo esto el que los maratonianos se mueran en el kilómetro veinticinco por la nube tóxica que sobrevuela la ciudad es lo de menos, aquí lo realmente importante es que todo el mundo abra bien los ojos y disfrute con el espectáculo supremo del deporte; con los Nadal, Gasol, Kobe, Bolt, Deffer… (coño, cuanto español¡¡¡). Olvidémonos por unos días de la interrogante sobre la aplicación de los derechos humanos más fundamentales, de la libertad de expresión, de la de prensa, de la religiosa y preparemos nuestras manos para aplaudir a rabiar cada vez que suene el himno español en el contaminado cielo chino. El espectáculo está preparado y nuestros ojos bien abiertos porque la mayor competición deportiva del mundo va a comenzar. Son cuatro años de esfuerzos, de sueños, de ilusiones y de lucha para un montón de deportistas que se van a batir el cobre en un sitio que ellos no han elegido, pero así funciona este negocio puro y limpio del olimpismo, un tinglado que durante casi veinte días es capaz de paralizar el mundo, tanto que si vuelven a enchironar a De Juana Chaos ni nos vamos a enterar. Suerte pa tos.