Un millón

Escalofríos me dieron el domingo pasado al leer en todas las primeras páginas de los periódicos que ya hay más de un millón de familias en toda España en las que todos sus miembros, y miembras, se encuentran en el paro. Las cifras tienen estas cosas, que al leerlas te pueden provocar una cosa o la otra. Porque no es lo mismo leer que a un aldeano de un pueblo de Lugo le toca un millón de las antiguas pesetas en la primitiva, que más o menos te deja frío porque un millón de las antiguas pesetas hoy en día y por muy bien que le vengan al paisano pues no es nada, que leer lo que he escrito arriba. Tampoco por supuesto es lo mismo leer que un programa cualquiera tiene un millón de espectadores de audiencia, que también es muy poca cosa, sobre todos para los señores programadores que pierden el culo por ganar aunque sea un solo televidente más, que leer lo ya mencionado. Y es que un millón, un mísero millón puede dejarte indiferente o ponerte los pelos de punta. Los números, ése es su poder y depende de lo que vaya detrás de ese número todo será blanco o negro, todo será alegría o desesperación, ¡malditos números! Pero también se produce otro efecto curioso y es que no todos tenemos la misma visión ante el mismo número y que depende por donde nos suene la música le damos un valor u otro. Por ejemplo a este millón de familias que está por completo en el paro, el millón de las antiguas pesetas que le ha tocado al paisano de la aldea de Lugo le parecerá el maná más absoluto, la tierra prometida mientras que a Florentino Pérez este millón pues le parecerá que no está mal del todo para tomarse unas cañas con percebes. Pero la vida está hecha así, y la tan cacareada crisis que parecía que podía cambiar el modelo de valores y de sociedad, me temo que no lo hará y que siempre existirán los que tienen de todo y los que no tienen de nada.

 

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