Oh, la la

Cuanto más mayor se va haciendo uno más respuestas va encontrando a todo. Qué razón tienen los mayores, los más mayores quiero decir, cuando hablan de que la experiencia es la madre de la ciencia. Reconoceréis que me he moderado mucho en mi lenguaje y que tras las quejas de alguno de vosotros a mi siempre bien amado y respetado director sobre mi soecidad (palabro mío de nuevo cuño) me he reconvertido, un poco, y ya utilizo menos términos mal sonantes para expresarme. Y dicho esto, retomo el principio que viene a cuento porque este año he tenido la fortuna de viajar a las dos capitales europeas de referencia, Londres y Paris, y me ha llamado mucho la atención algo en lo que antes nunca había reparado (por eso digo lo de la experiencia y todo eso) y es el cómo nos expresamos para decir la misma cosa los franceses, los ingleses y los españoles, curioso. Cuando algo asombra a un francés, y con lo guays que son ellos mira que es difícil, siempre utiliza el “Oh la la”, que como palabra o grupo de palabras no significa nada pero así todas unidas da sentido a una expresión que universalmente es entendida. Lo mismo sucede en Inglaterra y los ingleses que ante algo asombrosamente sorprendente se expresan con un “Wow” que pronunciado suena algo así como “guau” y que como palabra tampoco tiene ningún significado pero como expresión es también universalmente conocida y entendida. Y ahora llegamos al cachondeo, ¿cómo se expresa un español ante algo que le sorprende en gran medida? Nosotros no tenemos ningún “oh la la”, ni “wows” que valgan, no, nosotros decimos ¡hostias! o ¡joooooder! o ¡la leche! o ¡qué cojones!, es decir nosotros expresamos las cosas con tacos, lo bueno lo malo o lo regular siempre se expresa con un taco y vale que no es universalmente reconocido pero si a nosotros nos funciona pues… ¡qué coño, para que lo vamos a cambiar! ¿O no?

 

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