Ahora sí

La semana pasada nos desayunamos con las imágenes de una nueva, afortunadamente cada vez más escasas, atrocidad de la banda de asesinos. La metodología la misma, el objetivo el mismo, la hijaputez la misma, lo que esta vez ha sido diferente han sido las reacciones. Para empezar esta vez se le ha dado la palabra a las víctimas, a una mujer y a unos hijos que aunque destrozados han dicho en voz alta lo que tenían que decir y lo han dicho bien clarito. La postura del nuevo lehendakari que, aunque recuerdo que en estas mismas líneas dije que no contaba con mis simpatías por su connivencia con el PP para alcanzar el poder, ha tenido una reacción a la que no estábamos acostumbrados con los anteriores inquilinos de Ajuria Enea. Ha hablado sin dobleces, sin escondidas y veladas intenciones, ha condenado sin resquicios y sin miramientos y lo más importante les ha enseñado el camino que van a seguir, que no es otro que el de la justicia y la cárcel. Esto en otros tiempos hubiera sido una condena, sí, pero una condena condicionada a una constante presión al gobierno central, una condena condicionada a un no perder esos votos sueltos de los radicales que no comulgan demasiado con eso del tiro en la nuca y el coche bomba, una condena atada a unos ideales políticos más o menos compartidos. Ahora no ha sido así, ahora se ha hablado con todas las letras y diciendo lo que se quería decir. Ahora ya están solos del todo y es el momento de terminar con ellos. Se le ofreció dialogar, y yo aposté por esa fórmula, y la cagaron así que ahora ya no hay marcha atrás. A lo mejor era esto lo que faltaba para poder cerrar el círculo, el que no tuvieran el más mínimo resquicio tras el que esconderse. Está claro que algo ha cambiado y está claro que el primer sorprendido, gratamente sorprendido, soy yo. A lo mejor sí es el momento de que entre todos terminemos con todos estos de las pistolitas.