Gema Frühbeck revela por qué la grasa puede ser aliada… o un riesgo para tu salud
MADRID, 29 Dic. –
Durante años se pensó que la grasa era únicamente un almacén de energía, pero los especialistas han descubierto que el tejido adiposo actúa como un órgano endocrino fundamental. Este tipo de tejido protege a los órganos, regula el apetito, la presión arterial, la inflamación, y e incluso la salud ósea. Investigadores como Gema Frühbeck explican cómo hormonas como la leptina funcionan como reguladores del peso y por qué no toda la grasa es perjudicial, aunque puede volverse riesgosa cuando se vuelve disfuncional.
En una entrevista reciente, Gema Frühbeck, directora del Laboratorio de Investigación Metabólica y codirectora del Área de Obesidad de la Clínica Universidad de Navarra en Pamplona, destaca cómo el tejido adiposo protege los órganos vitales, ya que hay grasa alrededor de estos órganos para ofrecerles soporte y protección.
Además, menciona que el tejido adiposo desempeña un papel esencial en la regulación del metabolismo de los carbohidratos y lípidos, y también en el control de la hipertensión, la coagulación, y la inmunidad, así como en la reproducción y la salud ósea.
«Todo el exceso de energía se almacena en los adipocitos, que son las células de grasa y del tejido adiposo, y que también participan en el control del peso corporal», añade la experta del CIBEROBN (Centro de Investigación Biomédica en Red de la Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición).
Según esta especialista en Endocrinología y Nutrición, el tejido adiposo puede cumplir estas funciones importantes debido a su capacidad de secretar varias moléculas, incluidos metabolitos, hormonas y factores de crecimiento.
Entre estas sustancias, la doctora Frühbeck señala que las ‘adipocinas’ son proteínas que el tejido adiposo produce y liberan en el torrente sanguíneo para regular funciones corporales como el metabolismo, la sensibilidad a la insulina, la presión arterial, la inflamación y el apetito. «Indican al cerebro cuándo nuestros depósitos de grasa son insuficientes y es necesario consumir más alimentos«, agrega esta investigadora, reconocida en la lista de Highly Cited Researchers por su influencia en la ciencia.
Precisamente, Frühbeck menciona la ‘leptina’, una de estas adipocinas que actúa como un ‘lipostato’ (similar a un ‘termostato’ para la temperatura, pero en este caso para la grasa), que regula el apetito y el peso corporal, además de participar en el metabolismo lipídico. «Si la leptina está elevada, nuestros depósitos serán altos, y si está baja, será necesario consumir alimentos para reponer esa energía en forma de triglicéridos, gotas lipídicas dentro de los adipocitos», señala la experta de la Clínica Universidad de Navarra y del CIBEROBN.
BIOMARCADORES Y EL COMPORTAMIENTO DEL TEJIDO ADIPOSO
«Los biomarcadores del tejido adiposo pueden indicar si la grasa es disfuncional o no, y reflejan ese grado de inflamación o rigidez, así como si el tejido adiposo está localizado en áreas inapropiadas», sostiene.
Respecto a la genética, la investigadora del CIBEROBN afirma que hay un componente genético significativo en el desarrollo de la obesidad, aunque es importante recordar que esta enfermedad se desarrolla normalmente por factores multifactoriales.
«Un paciente puede tener genes que predisponen a acumular grasa, pero con una dieta adecuada y actividad física, se pueden amortiguar considerablemente los efectos negativos de la herencia, a excepción de casos muy específicos», concluye la experta de la Clínica Universidad de Navarra.

