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El ejercicio físico: un enfoque efectivo para tratar la depresión y la ansiedad.

El ejercicio físico: un enfoque efectivo para tratar la depresión y la ansiedad.

MADRID, 15 Feb. –

Los trastornos de depresión y ansiedad representan hoy uno de los grandes desafíos para la salud mundial, con una prevalencia que se sitúa entre el 7% y el 25% de la población. Estas afecciones van mucho más allá del sufrimiento psicológico: erosionan la vida familiar y social, deterioran la salud física y generan un enorme coste económico para los sistemas sanitarios y las sociedades.

Las personas jóvenes soportan casi el doble de tasas de depresión y ansiedad que los adultos, con un impacto especialmente preocupante en las mujeres. Aunque tratamientos como los antidepresivos y la psicoterapia se utilizan cada vez más, el aumento sostenido de casos sugiere que no bastan por sí solos.

Un trabajo publicado en el ‘British Journal of Sports Medicine’, realizado por la James Cook University (Australia), ha analizado si el ejercicio puede aliviar la depresión y la ansiedad.

QUÉ HAN ANALIZADO EXACTAMENTE

El estudio se ha centrado en el ejercicio aeróbico, como correr, nadar y bailar, y la conclusión principal es que puede ser muy eficaz para aliviar los síntomas de la depresión y la ansiedad, tras realizar una revisión general y una síntesis de datos de la evidencia disponible.

Si bien el ejercicio supervisado y en grupo puede ser mejor para reducir la depresión, el ejercicio de menor intensidad y más corto (hasta 8 semanas) puede ser más efectivo para aliviar la ansiedad. Pero todas las formas de ejercicio son tan buenas o mejores que la medicación y las terapias de conversación, independientemente de la edad o el sexo, indican los resultados.

Además, investigaciones publicadas previamente sugieren que el ejercicio se compara favorablemente con la psicoterapia y la medicación para aliviar los síntomas, añaden los investigadores. No obstante, no está claro qué tan bien podría funcionar el ejercicio a diferentes edades, frecuencias e intensidades, y las síntesis generales anteriores se han centrado solo en adultos o han incluido participantes con factores potencialmente influyentes, como enfermedades a largo plazo.

Por lo tanto, los investigadores se propusieron estimar de manera exhaustiva el impacto del ejercicio sobre los síntomas de depresión y ansiedad en todos los rangos de edad, incluidos aquellos con y sin diagnóstico clínico; y descubrir si el tipo, la duración, la frecuencia, la intensidad y la supervisión del ejercicio, y la participación individual o grupal podrían influir en los resultados.

Para ello, revisaron bases de datos de investigación en busca de análisis de datos agrupados de ensayos controlados aleatorios que compararon el ejercicio con otro tipo de actividad, un placebo o ninguna intervención activa, y que se publicaron en inglés hasta julio de 2025. Los criterios de elegibilidad incluyeron actividades físicas planificadas y estructuradas, repetitivas y con un propósito para mejorar la salud física y mental; y todas las formas, intensidades, frecuencias y configuraciones (individuales o grupales) de ejercicio.

En el caso de la depresión, se incluyeron en la síntesis general 57 análisis de datos agrupados que comprendían 800 estudios de componentes y en los que participaron 57.930 participantes de entre 10 y 90 años. Estos participantes habían sido diagnosticados con depresión clínica o presentaban síntomas depresivos, pero no tenían otras afecciones coexistentes. Las intervenciones de ejercicio se clasificaron en aeróbicas (19 análisis de datos agrupados); de resistencia, como el entrenamiento de fuerza (8); mente y cuerpo, como el yoga, el taichí y el qigong (16); o una combinación (39).

Para la ansiedad, se incluyeron en la síntesis general 24 análisis de datos agrupados, que abarcaban 258 estudios de componentes y 19.368 participantes de entre 18 y 67 años. Las intervenciones de ejercicio se clasificaron en aeróbicas (7); de resistencia (1); mente-cuerpo (9); y mixtas (13).

La síntesis de los análisis de datos agrupados mostró que el ejercicio tuvo un efecto de tamaño mediano sobre los síntomas de depresión y un efecto de tamaño pequeño a mediano sobre los síntomas de ansiedad, encontrándose los efectos más sustanciales en los adultos jóvenes (18-30) y las mujeres que habían dado a luz recientemente.

Todas las formas de ejercicio se asociaron con efectos positivos, siendo los formatos aeróbicos, grupales y supervisados los más eficaces para aliviar los síntomas de depresión. Los ejercicios aeróbicos, de resistencia, mente y cuerpo, y una combinación de diferentes formatos de ejercicio mostraron un impacto moderado en el alivio de los síntomas de ansiedad. Los efectos fueron iguales o mejores que los de la medicación o las terapias de conversación.

EL EJERCICIO: UNA INTERVENCIÓN DE PRIMERA LÍNEA EN SALUD MENTAL

Los investigadores reconocen algunas limitaciones en sus hallazgos. Estas incluyen las interpretaciones variables de la intensidad y la duración del ejercicio en los análisis de datos agrupados, y la relativa escasez de investigaciones sobre el impacto del ejercicio a lo largo de la vida.

Pero, aun así, los investigadores insisten: «Este meta-meta-análisis proporciona evidencia sólida de que el ejercicio reduce efectivamente los síntomas de depresión y ansiedad en todos los grupos de edad, comparable con, o superando, las intervenciones farmacológicas o psicológicas tradicionales».

Los formatos grupales y supervisados ofrecieron los beneficios más sustanciales, lo que subraya la importancia de los factores sociales en las intervenciones de salud mental. Dado que la evidencia indica que las diferentes características del ejercicio parecen afectar la depresión y la ansiedad de manera distinta, es fundamental prescribir programas de ejercicio personalizados.

De esta manera, finalizan: «Dada la relación calidad-precio, la accesibilidad y los beneficios adicionales del ejercicio para la salud física, estos resultados subrayan el potencial del ejercicio como intervención de primera línea, particularmente en entornos donde los tratamientos tradicionales de salud mental pueden ser menos accesibles o aceptables».

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