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La mayoría de las personas con trastornos de la conducta alimentaria experimenta algún tipo de adicción.

La mayoría de las personas con trastornos de la conducta alimentaria experimenta algún tipo de adicción.


   MADRID, 28 Nov. –

   El doctor Ignacio Basurte, psiquiatra y miembro de la junta directiva de la Sociedad Española de Patología Dual (SEPD), ha destacado que la gran mayoría de los pacientes con **trastornos de la conducta alimentaria** (TCA) también presentan adicciones y otros trastornos mentales.

   Basurte ha explicado que en los últimos años se ha observado un aumento «muy claro» de la incidencia de los TCA, especialmente entre adolescentes y adultos jóvenes. Actualmente, se estima que el **trastorno por atracón** es el TCA más frecuente, con una prevalencia en la población de alrededor del 3 por ciento. La **bulimia nerviosa** afectaría aproximadamente a entre el 1-1,5 por ciento de la población, mientras que la **anorexia nerviosa**, que sigue siendo el trastorno mental más mortal, presenta una prevalencia cercana al 0,5 por ciento.

   «En la adolescencia, sin embargo, hablamos de una prevalencia de los TCA cercana al 5 por ciento, y sabemos que los síntomas subclínicos, como dietas extremas, atracones ocasionales o ejercicio compulsivo, son incluso más frecuentes», sostiene Basurte.

   Desde la Sociedad Española de Patología Dual (SEPD) se quiere aprovechar la celebración del Día Internacional de la Lucha contra los Trastornos de la Conducta Alimentaria para poner de manifiesto la coexistencia de los TCA con adicciones y otros trastornos mentales, lo que se conoce como **patología dual**.

   «Los TCA casi nunca aparecen aislados», apunta Basurte. Según el psiquiatra, es común que los TCA formen parte «de un cuadro más amplio», donde a menudo se presentan trastornos mentales como la **depresión**, la **ansiedad**, los **rasgos obsesivo-compulsivos**, los **trastornos de personalidad** o el **TDAH** en perfiles más impulsivos. También pueden incluir adicciones comportamentales y/o a sustancias.

   «En conjunto, se trata de pacientes con gran vulnerabilidad emocional, donde la alimentación, el cuerpo y las conductas adictivas funcionan como vías de regulación que dañan profundamente su salud», añade el portavoz de la SEPD.

   Según Basurte, las adicciones, tanto con como sin sustancia, «suelen actuar como una vía de alivio momentáneo» que, sin embargo, a largo plazo agrava el trastorno alimentario. Entre las adicciones a sustancias más comunes entre los pacientes con TCA se encuentran el **alcohol**, el **cannabis** y la **nicotina**, que aparecen con frecuencia en perfiles impulsivos como la bulimia o el trastorno por atracón, así como el consumo de psicoestimulantes para controlar el peso o compensar la fatiga asociada al trastorno.

   Entre las adicciones comportamentales, el psiquiatra destaca la alta prevalencia del **ejercicio físico compulsivo**, sobre todo en pacientes con anorexia, así como el desarrollo de comportamientos repetitivos como las compras, el uso problemático de **internet** o conductas de riesgo que actúan como formas de escape emocional.

UNA RELACIÓN «INFRAVALORADA Y POCO ATENDIDA»

   Para el portavoz de la Sociedad Española de Patología Dual, esta relación entre los TCA, las adicciones y otros trastornos mentales, a pesar de ser la norma, sigue estando «poco atendida y bastante infravalorada».

   «En la práctica clínica, muchas veces pasa inadvertida porque el foco suele ponerse únicamente en el peso, la conducta alimentaria o las complicaciones médicas inmediatas. El consumo de sustancias o las conductas adictivas quedarán en un segundo plano, ya sea porque el propio paciente las minimiza o porque culturalmente no se asocia el TCA con una posible adicción», manifiesta Basurte, quien destaca que esto provoca retrasos en el diagnóstico y en el tratamiento adecuado, lo que a su vez conduce a un peor pronóstico y a una evolución más inestable de las personas afectadas, que tienen un mayor riesgo de recaída.

   «Cuando un TCA aparece acompañado de una adicción, el pronóstico se complica de forma clara. No porque el paciente no pueda recuperarse, sino porque hablamos de cuadros que se retroalimentan entre sí. La **depresión**, la **ansiedad**, el **trauma** o la **impulsividad** aumentan la vulnerabilidad a conductas alimentarias patológicas; y, a su vez, el propio TCA incrementa la necesidad de recurrir a sustancias o comportamientos adictivos para regular el malestar. Todo esto genera un ciclo clínico más inestable, con más recaídas y mayor riesgo médico», subraya.

   En ese sentido, el psiquiatra destaca la necesidad de un abordaje integrado desde el primer momento, que atienda la dualidad y no solo una parte del problema. «No basta con tratar el peso o la conducta alimentaria. Hay que intervenir también sobre la adicción, sobre los síntomas afectivos o traumáticos y sobre los factores de **impulsividad** o **regulación emocional**. Cuando se aborda todo el cuadro de forma coordinada, la respuesta mejora de manera significativa», concluye.

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