MADRID, 30 Ene. –
Siempre que no haya una indicación médica, el comienzo **espontáneo del parto** proporciona mayores probabilidades de un desenlace favorable, menos intervenciones, y una recuperación más rápida que el parto inducido. Si bien las técnicas de inducción actuales son seguras cuando están correctamente indicadas, los especialistas destacan que el parto natural disminuye la necesidad de medicación, el riesgo de cesáreas, y los días de hospitalización.
Además, la evidencia científica indica que el éxito de la inducción se ve influenciado por factores críticos como si la mujer ha tenido partos anteriores, o si ha tenido una cesárea previa; subrayando la relevancia de personalizar cada decisión obstétrica.
«Cuando no hay una indicación médica para finalizar el embarazo, como en la gran mayoría de los casos, lo óptimo es que el parto inicie de manera espontánea. Esto propicia que el proceso transcurra naturalmente, sin intervenciones innecesarias», explica la doctora Tatiana Figueras Falcón, especialista en Obstetricia y Ginecología del Hospital Universitario Materno Infantil de Canarias y miembro de la Junta Directiva de la Sección de Medicina Perinatal de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO).
De esta manera, según continúa, se evitarán complicaciones potenciales que pueden surgir durante la inducción del parto, que incluyen alteraciones de la dinámica uterina (como la aparición de más contracciones de las necesarias para un progreso adecuado) y otros efectos adversos relacionados con los medicamentos utilizados.
SIEMPRE DEBE HABER UN MOTIVO MÉDICO DETRÁS DE LA INDUCCIÓN
En otra intervención, Raúl Villasevil, especialista del Servicio de Obstetricia y Ginecología del Hospital Clínico San Carlos de Madrid, aclara que la inducción de parto es un proceso seguro para madre e hijo, pero debe realizarse únicamente cuando hay una justificación médica. «Los métodos actuales de inducción se consideran seguros y, si se eligen adecuadamente según las características de cada paciente, no representan riesgos significativos para la madre ni el feto», añade.
Este ginecólogo aclara también que cuando el parto comienza de forma espontánea o natural, sin intervención médica, la probabilidad de un desenlace positivo y de evitar una cesárea se incrementa. «Además, estos procesos suelen ser más cortos y requieren menos medicación que las inducciones, lo que implica estancias hospitalarias más breves», puntualiza el doctor Villasevil.
Algunos estudios recientes sugieren que la inducción del parto no necesariamente aumenta el riesgo de cesáreas; sin embargo, este médico enfatiza que «el éxito o fracaso del proceso» depende de múltiples factores, siendo el más relevante, probablemente, si la paciente ha tenido partos previos.
«Si ya ha parido antes, la probabilidad de que la inducción concluya en un parto vaginal es del 85-97%; mientras que si nunca ha parido, la probabilidad de un parto vaginal tras la inducción se sitúa entre 70-80%; y si ha tenido una cesárea previa, estos números se sitúan en torno al 60-80%», detalla este experto.
QUÉ SUCEDE CON LAS MUJERES QUE HAN TENIDO UNA CESÁREA PREVIA
En el caso de mujeres con una cesárea anterior, ¿cómo influye esto en la elección de métodos de inducción? Desde la SEGO, la doctora Figueras Falcón sostiene que, en términos generales, no hay suficiente evidencia que respalde la preferencia de un método sobre otro; no obstante, sí indica que situaciones clínicas específicas, como haber tenido una cesárea anteriormente, pueden contraindicar el uso de ciertos métodos.
«En tales casos, y si las condiciones del cuello uterino lo permiten, la inducción se realiza preferentemente mediante ‘amniorrexis’ (ruptura de la bolsa amniótica) y posterior administración de oxitocina», aclara esta ginecóloga del Hospital Materno Infantil de Canarias.
«La rotura artificial de la bolsa amniótica por parte de los profesionales que asisten a la paciente es parte de cualquier inducción del parto, ya que rompe la bolsa favoreciendo la aparición de contracciones, lo que ayuda a que la cabeza del bebé presione el cuello del útero, facilitando así el avance del proceso», asegura el facultativo especialista del Hospital Clínico San Carlos.
¿Y SI NO SE PUEDE ROMPER LA BOLSA?
Cuando esto no es posible inicialmente, el método mecánico de colocar un catéter con balón sería especialmente indicado, según explica la doctora Figueras de la SEGO, pues este no aumenta el riesgo de hiperestimulación uterina (más contracciones de las necesarias) y los problemas asociados tanto para la madre (como el riesgo de ruptura uterina), como para el recién nacido.
«El método farmacológico utilizando ‘dinoprostona’ vaginal también podría emplearse en estos casos. En contraste, en mujeres con cesárea previa, el uso de ‘misoprostol’ en cualquiera de sus formas de administración estaría contraindicado«, añade esta representante de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia.
UN PROCESO SEGURO, SIEMPRE
Además, el especialista del Hospital Clínico San Carlos recalca que en mujeres con cesáreas anteriores se puede realizar la inducción del parto vaginal si fuera necesario y si la mujer así lo desea.
«La inducción del parto en este grupo de mujeres es un procedimiento seguro tanto para ellas como para sus bebés. En estas pacientes existe un pequeño riesgo de ruptura de la cicatriz de la cesárea previa (inferior al 1%), por lo que nuestra opción preferida en estos casos será el uso de métodos mecánicos como el balón de Cook, que no provocan contracciones intensas y, por lo tanto, mantienen bajo el riesgo de ruptura de la cicatriz. Además, en este grupo de pacientes, la oxitocina es también un procedimiento seguro, al igual que un tipo específico de prostaglandina», concluye.
Inducción de parto: Seguridad y efectos | Espontaneidad en el parto

