MADRID, 16 Ene. –
El síndrome de ovario poliquístico (SOP) es uno de los trastornos endocrinos y metabólicos más comunes en las mujeres premenopáusicas, alcanzando una prevalencia similar a la de enfermedades pandémicas como la diabetes mellitus tipo 2. Además, es una condición que impacta significativamente la calidad de vida de las pacientes. A pesar de su frecuencia, y su notable efecto en quienes lo padecen, esta patología sigue estando infradiagnosticada y a menudo pasa desapercibida.
Con la ayuda del doctor Manuel Luque Ramírez, jefe de Sección del Área de Diagnóstico y Terapéutica del Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid, exploramos esta entidad y su tratamiento.
El experto señala que el evento principal del síndrome de ovario poliquístico es un aumento leve de los niveles de andrógenos en mujeres, las llamadas ‘hormonas masculinas’, afectando a aproximadamente una de cada 10 mujeres en todo el mundo.
Entre las manifestaciones clínicas del SOP, el doctor Luque Ramírez las clasifica en tres grupos principales:
1. Alteraciones dermocosméticas: Destacan el hirsutismo o aumento del vello corporal, que surge en áreas hormonodependientes como la cara, torso, abdomen, espalda y muslos; también se incluyen el acné y la alopecia, aunque esta última es menos común. Estas alteraciones pueden generar un profundo impacto psicoemocional en las pacientes, que podría llevar a ansiedad, depresión y problemas de relación social.
2. Alteraciones reproductivas: Las mujeres con SOP suelen presentar alteraciones menstruales, como ciclos menstruales más frecuentes, retrasos o periodos prolongados sin menstruación. Estas irregularidades pueden acarrear ‘hiperplasia endometrial’, un engrosamiento del endometrio, que se asocia a un mayor riesgo de cáncer; también pueden contribuir a la subfertilidad al reducir la frecuencia de ovulación.
3. Alteraciones metabólicas: Estas pacientes experimentan un aumento del tejido adiposo visceral, lo que incrementa el riesgo de desarrollar prediabetes, diabetes, hipertensión, y esteatosis hepática. Esto, a su vez, eleva el riesgo cardiovascular y la posibilidad de desarrollar el Síndrome de Apnea Obstructiva del Sueño (SAOS).
SU POSIBLE ORIGEN Y PREDISPOSICIÓN
«El síndrome de ovario poliquístico es una enfermedad compleja con un componente genético. Existe una predisposición genética a padecerla. Por ejemplo, el riesgo de SOP aumenta en personas con sobrepeso, aunque no todas las mujeres con sobrepeso desarrollan SOP. En pacientes obesas, aumenta la síntesis y secreción de insulina, lo que favorece la producción de andrógenos en los ovarios y desencadena el síndrome en mujeres predispuestas», añade.
Una revisión publicada en 2018 en la revista ‘Nature Reviews Endocrinology’, dirigida por el doctor Escobar Morreale, sugiere que el SOP podría ser un «trastorno complejo y multigénico» con «una fuerte influencia epigenética y ambiental,» incluyendo la dieta y otros factores de estilo de vida.
Al preguntar al doctor Luque Ramírez sobre la edad de inicio de la enfermedad, menciona que aunque pueden existir determinantes intrauterinos e infantiles, la aparición de los signos y síntomas típicamente ocurre durante la adolescencia.
Advierte que en esta etapa pueden aparecer incrementos en el vello terminal que no siempre están relacionados con el SOP: «Es crucial tener precaución durante esta etapa, ya que el incremento de vello terminal es un hallazgo común y no necesariamente patológico.» Las alteraciones menstruales durante la adolescencia son habituales y es necesaria la maduración completa para confirmar un diagnóstico de SOP.
UN ESTILO DE VIDA SALUDABLE ES NECESARIO
En cuanto al tratamiento del síndrome del ovario poliquístico, el doctor Luque Ramírez considera fundamental adoptar un estilo de vida saludable. Esto incluye una dieta equilibrada tipo mediterránea, actividad física regular, y evitar hábitos perjudiciales como el tabaquismo.
«El tratamiento específico del hirsutismo y otras alteraciones dermatológicas implica disminuir o bloquear los andrógenos circulantes mediante anticonceptivos orales combinados, con o sin antiandrógenos», añade el experto.
Si hay deseo gestacional, las medidas iniciales incluyen la pérdida de peso y la monitorización de la ovulación. Si estas medidas no resultan en embarazo, se pueden considerar terapias de reproducción asistida como la fecundación in vitro o la administración de medicamentos como letrozol y clomifeno.
Por otro lado, si no hay deseo gestacional, es fundamental prevenir el riesgo de hiperplasia endometrial en mujeres con escasas menstruaciones anuales. Esto se puede lograr mediante progestágenos cíclicos o anticonceptivos orales.
En relación con las alteraciones metabólicas, el tratamiento se centra en su prevención y detección temprana, donde nuevamente un estilo de vida saludable resulta clave.
«No debemos olvidar el papel beneficioso de la cirugía metabólica en mujeres con obesidad grave, que puede restaurar la fertilidad y regularizar los ciclos menstruales, reduciendo el riesgo de complicaciones metabólicas y mejorando las alteraciones dermocosméticas», concluye el doctor Luque Ramírez.

