MADRID, 13 Nov. (EUROPA PRESS) –
El exfutbolista brasileño Adriano Leite, antiguo jugador del Inter de Milán, ha admitido su adicción al alcohol y ha revelado que consume casi a diario porque «no es sencillo ser una promesa que sigue en deuda», además de afirmar que la muerte de su padre alteró su vida «para siempre».
«El mayor desperdicio del fútbol: yo. Me gusta esa palabra, desperdicio. No solo por cómo suena, sino porque estoy obsesionado con desperdiciar mi vida. Estoy bien así, en un caos frenético. Disfruto de este estigma», escribió en una carta abierta en The Players’ Tribune, donde compartió su historia en la favela de Vila Cruzeiro y sus experiencias.
Además, no ocultó su alcoholismo. «No me drogo, como intentan demostrar. No me gusta el delito, pero, por supuesto, podría haberlo hecho. No me gusta salir de fiesta (…) Bebo cada dos días, y los otros días, también. ¿Cómo llega una persona como yo al punto de beber casi todos los días? No me gusta dar explicaciones a los demás, pero aquí va una: bebo porque no es fácil ser una promesa que sigue en deuda. Y a mi edad es aún peor», declaró.
La muerte de su padre, Almir Leite Ribeiro, conocido como ‘Mirinho’, fue un cambio drástico en su vida. «No teníamos conversaciones profundas. El viejo no era de filosofar ni de dar lecciones morales. Su rectitud diaria y el respeto que los demás le tenían fue lo que más me impresionó. La muerte de mi padre cambió mi vida para siempre. Hasta el día de hoy, es un problema que todavía no he podido resolver. Toda la tristeza comenzó aquí», confesó.
«A mi padre le dispararon en la cabeza en una fiesta en Cruzeiro. Una bala perdida. Él no tuvo nada que ver. La bala entró por la frente y se alojó en la nuca. Los médicos no pudieron extraerla. Después de eso, la vida de mi familia nunca fue la misma. Mi padre empezó a tener convulsiones frecuentes. Yo tenía 10 años cuando lo dispararon. Crecí enfrentando sus crisis. Mirinho nunca más pudo trabajar», recordó.
También relató cómo, en sus primeras Navidades en Milán, alejado de su familia y tras hablar por teléfono con su madre, se sintió «devastado». «Tomé una botella de vodka, bebí toda esa tristeza solo. Lloré toda la noche. Me desmayé en el sofá porque bebí demasiado y lloré. Estaba en Milán por una razón: era lo que había soñado toda mi vida, Dios me había dado la oportunidad de convertirme en jugador de fútbol en Europa. La vida de mi familia ha mejorado mucho gracias a mi Señor y todo lo que Él hizo por mí. Y mi familia también hizo mucho. Ese fue un pequeño precio que tuve que pagar», expresó.
«Cuando ‘escapé’ del Inter y salí de Italia, vine a esconderme aquí -a Vila Cruzeiro-. Nadie me encontró, no hay forma. Regla número uno de la favela: mantén la boca cerrada. ¿Crees que alguien me delataría? Aquí no hay ratas, hermano. La prensa italiana se volvió loca. La policía de Río incluso llevó a cabo una operación para ‘rescatarme’. Dijeron que me habían secuestrado. ¿Estás bromeando, verdad? Imagínate que alguien me haga daño aquí, a mí, un niño de la favela», manifestó.
Además, aseguró que intentó hacer «lo que todos querían». «Negocié con Roberto Mancini. Me esforcé mucho con José Mourinho. Lloré en el hombro de Moratti. Pero no pude hacer lo que me pidieron. Me mantuve bien durante unas semanas, evité el alcohol, entrené como un caballo, pero siempre había una recaída. Una y otra vez. Todos me criticaban. No podía soportarlo más», afirmó.
«Lo único que busco en Vila Cruzeiro es paz. Aquí camino descalzo y sin camiseta, solo con pantalones cortos. Juego al dominó, me siento en la acera, recuerdo mis historias de infancia, escucho música, bailo con mis amigos y duermo en el suelo. Veo a mi padre en cada uno de estos callejones», concluyó.



