El consumo ocasional de alcohol afecta genes esenciales, revela un estudio

El consumo ocasional de alcohol afecta genes esenciales, revela un estudio

SALAMANCA, 13 Mar. –

Un estudio liderado por investigadores de la Universidad de Salamanca, el Instituto de Investigación Biomédica de Salamanca (Ibsal) y el Complejo Asistencial Universitario de Salamanca (CAUSA) demuestra que el consumo de alcohol -no solo crónico, sino también agudo y ocasional- provoca **alteraciones medibles en la expresión de genes** fundamentales para el metabolismo energético, abriendo nuevas vías para la detección temprana del daño, el tratamiento personalizado y el diseño de políticas de salud pública más eficaces frente al trastorno por consumo excesivo de alcohol.

La investigación, publicada en la revista científica Antioxidants, ha sido dirigida por Maura Lina Rojas Pirela y Miguel Marcos Martín, del grupo Enfermedades autoinmunes, alcohol y metabolismo del Ibsal, y ha contado con la colaboración de centros nacionales e internacionales.

El trabajo demuestra que el alcohol modifica la **expresión de genes** relacionados con la glucólisis, la principal vía metabólica mediante la cual las células obtienen energía a partir de la glucosa.

Este proceso es esencial para el funcionamiento normal de órganos como el hígado, el cerebro o el sistema inmunitario, tal y como ha resaltado el instituto en un comunicado.

«El principal hallazgo es que el alcohol altera la **expresión de múltiples genes de la glucólisis**, tanto en personas con trastorno por consumo de alcohol como tras una intoxicación alcohólica puntual», ha explicado Maura Lina Rojas Pirela.

El estudio ha analizado la **expresión de 22 genes** en muestras de sangre periférica, comparando personas con un trastorno por consumo crónico de alcohol, individuos atendidos por ingesta aguda y controles sanos.

Los resultados son «contundentes»: «13 genes mostraron **alteraciones significativas** en personas con trastorno por consumo de alcohol, y ocho de esos genes también estaban alterados tras una intoxicación alcohólica, incluso en personas sin dependencia».

CAMBIOS MOLECULARES

Este hallazgo cuestiona la idea ampliamente extendida de que los efectos del alcohol son solo transitorios cuando el consumo es ocasional. «Existe la **percepción social** de que una borrachera puntual ‘se pasa’ con la resaca», ha señalado Miguel Marcos Martín, para añadir que los datos muestran que «una sola noche de consumo intenso es suficiente para provocar cambios moleculares profundos.»

Muchas de las enzimas cuya expresión se ve alterada por el alcohol son sensibles al **estrés oxidativo**, un proceso en el que se produce un exceso de radicales libres que dañan proteínas, lípidos y ADN.

Para profundizar en estos mecanismos, el equipo ha realizado también experimentos in vitro en astrocitos, células esenciales para el funcionamiento y la protección del cerebro. Tras exponerlas a etanol, observaron alteraciones en genes glicolíticos y en otros genes clave para la función celular.

PROCESOS PATOLÓGICOS

Uno de los aspectos más prometedores del estudio es la identificación de **biomarcadores moleculares** medibles en sangre, lo que abre la puerta a aplicaciones clínicas directas. «En la práctica clínica, estos biomarcadores podrían permitir **monitorizar** de forma objetiva la exposición al alcohol, detectar daño metabólico temprano y personalizar los tratamientos», ha señalado Rojas Pirela.

Estos perfiles de **expresión génica** podrían ayudar a estratificar a los pacientes según su riesgo, incluso antes de que aparezcan síntomas clínicos, lo que tendría un impacto enorme en términos de prevención y reducción de costes sanitarios.

El estudio abre, además, «múltiples líneas de trabajo» para el futuro, incluyendo la validación de estos biomarcadores en cohortes más amplias y diversas.

Más allá del laboratorio y la consulta, el estudio tiene **implicaciones directas** para las políticas de salud pública. El consumo de alcohol es la principal causa de mortalidad prematura y discapacidad prevenible, pero como recuerda Miguel Marcos, «casi el 90 por ciento de la población consume alcohol, y está profundamente normalizado».

La evidencia científica es clara: «no existe un consumo seguro», ha enfatizado. Este estudio permite, por primera vez, **medir el daño** de forma objetiva incluso tras consumos esporádicos.

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