Este curioso hábito puede perjudicarte... ¡pero tu cerebro recurre a él para sobrevivir!

Este curioso hábito puede perjudicarte… ¡pero tu cerebro recurre a él para sobrevivir!


MADRID, 6 Ene. –

¿Te has pellizcado la piel, pospuesto tareas importantes o evitado a alguien para protegerte? Lo que parece un comportamiento irracional podría ser parte de un mecanismo evolutivo que tu cerebro desarrolló para mantenerte seguro.

Nuestro cerebro no está diseñado para hacernos felices, sino para mantenernos vivos. Prefiere que nos lastimemos de manera predecible antes que enfrentar amenazas impredecibles. Desde la procrastinación hasta la autocrítica y el perfeccionismo, estos comportamientos activan sistemas de alerta profundamente arraigados.

Comprenderlos desde esta perspectiva evolutiva podría ser la clave para romper el ciclo de autosabotaje sin añadir más daño.

CUANDO DAÑARTE PARECE PROTEGERTE

    Las conductas de autolesión y autosabotaje incluyen desde pellizcarse la piel hasta ignorar a otras personas, todas consecuencia de mecanismos evolutivos de supervivencia, según un nuevo análisis del psicólogo clínico Charlie Heriot-Maitland, de la Universidad de Stanford (Estados Unidos) en su libro ‘Controlled Explosions in Mental Health’.

    El experto explora las necesidades biológicas detrás de los comportamientos dañinos, argumentando que, aunque estos parezcan contraintuitivos, el cerebro utiliza pequeños daños como dosis protectoras para prevenir daños mayores. Por ejemplo, alguien puede posponer un proyecto, causando un daño menor, pero intentando evitar un daño mayor como el fracaso o el rechazo.

   Nuestro cerebro es una máquina de supervivencia. Está programado no para optimizar nuestra felicidad, sino para mantenernos vivos. Necesita que existamos en un mundo predecible.

   Estar expuestos a amenazas y peligros ya es bastante malo, pero el estado más vulnerable para nosotros es enfrentar amenazas impredecibles. «Nuestro cerebro intervendrá para ofrecernos versiones más controladas y predecibles de la amenaza. Preferiría que fuéramos responsables de nuestra propia caída antes que arriesgarnos a ser derribados por algo externo», explica Heriot-Maitland.

EL CEREBRO PREFIERE LA AMENAZA CONOCIDA

   Este mecanismo de protección funciona bajo un principio fundamental: el cerebro prefiere afrontar la certeza de una amenaza controlada en lugar de una desconocida.

   La ciencia que sustenta esta teoría se basa en cómo evolucionó nuestro cerebro, diseñado para la supervivencia, no para la felicidad. Aún hoy sigue alerta ante posibles daños, ya sean físicos o emocionales.

   Heriot-Maitland sugiere la táctica evolutiva de «más vale prevenir que lamentar»: aunque sepamos que no es sensato comer en exceso, lo hacemos para evitar una mayor vergüenza. Otro ejemplo es evitar a alguien por el miedo al rechazo, incluso si esa persona no nos desprecia.

   La conducta de autosabotaje más común incluye la procrastinación, el perfeccionismo y el pesimismo. El perfeccionismo funciona de manera similar, pero implica una hiperconcentración para evitar errores.

   La autocrítica también representa una forma de autosabotaje; todos estos comportamientos involucran un secuestro neurológico en el cual el sistema de respuesta a amenazas del cerebro interfiere en el razonamiento.

   El sistema de amenazas utiliza estas funciones cognitivas, lo que explica por qué el miedo puede hacer que nuestra imaginación se llene de escenarios negativos.

   Un problema con estas conductas es que a menudo se convierten en profecías autocumplidas. «Si creemos que no somos buenos en algo, podemos no esforzarnos y terminar rindiendo menos de lo esperado», señala Heriot-Maitland.

   A menudo puede relacionarse con experiencias difíciles como trauma o tragedia, pero las pequeñas autolesiones no deben pasar desapercibidas.

   Las intervenciones psicológicas deben enfocarse en procesar el dolor emocional, aunque esto requiere tiempo y esfuerzo. «Resolver el daño subyacente puede implicar generar seguridad alrededor de la situación que tememos», explica Heriot-Maitland.

LA AUTOCOMPASIÓN COMO SALIDA DEL CICLO

   La manera de salir del círculo de autosabotaje no es a través de la autocrítica, sino mediante la autocompasión. Para aprender hábitos menos dañinos, es necesario reconocer y comprender primero el comportamiento, argumenta: «Este proceso requiere tiempo, esfuerzo e intencionalidad».

   Finalmente, comprender la base evolutiva del autosabotaje ofrece la oportunidad de reconocer la función protectora que cumple, y al mismo tiempo abordar el daño que ha causado sin juzgar. «No queremos combatir estos comportamientos, pero tampoco permitir que controlen nuestras vidas. Tenemos opciones».

Comparte:
Facebook
X
LinkedIn

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *