MADRID, 14 Feb. –
Los fallecimientos a causa de cáncer son siempre impactantes. Si se trata de personas jóvenes, la sorpresa es aún mayor. Esta semana, se conocieron las muertes del mallorquín Xisco Quesada, a los 28 años y padre de dos hijos, y del actor James Van Der Beek, protagonista de la serie Dawson Crece, quien falleció a los 48 años y era padre de seis.
¿Por qué el cáncer ya no está sólo asociado con la vejez? Esta es una inquietud que surge al conocer dichas noticias y al observar que el cáncer es cada vez más común entre los jóvenes. La especialista en oncología médica, medicina del estilo de vida y medicina de precisión, Cristina Sánchez (@loquedigatuoncologa), nos explica durante una entrevista que “es una pregunta aún sin respuesta desde la Ciencia”, y no se conoce al 100% la razón de este fenómeno.
Sin embargo, resalta que se puede concluir que el aumento de casos a edades tempranas se relaciona con diversos factores de riesgo: “Desde hace tiempo sabemos que la genética juega un papel muy pequeño en la malignización de las células. Nuestro organismo cuenta con mecanismos de reparación y un sistema inmune que puede detectar y eliminar células cancerígenas, pero su efectividad puede verse comprometida por las condiciones que enfrentamos en la vida moderna”.
EL IMPACTO DE LA VIDA MODERNA
La doctora señala que el estilo de vida moderno favorece un “cuerpo desequilibrado”, lo que puede contribuir al desarrollo de cáncer a largo plazo. “Se suele atribuir esto a la inflamación crónica de bajo grado, un término que ha cobrado popularidad recientemente. Sin embargo, esta inflamación es un desequilibrio al que el organismo está expuesto diariamente, y si no se aborda, ciertas células con predisposición genética a malignizar pueden permanecer en el cuerpo. Esto también se vincula con el estrés, la falta de descanso y una alimentación deficiente”, aclara.
Cristina Sánchez también observa un incremento en los casos de individuos que muestran una menor tolerancia a factores ambientales. Por ejemplo, hay quienes son más sensibles al consumo de ultraprocesados; “Todo esto podría ser una explicación, no para alarmar, sino para concienciar que son situaciones a las que podemos enfrentar, y que es posible prevenirlas adoptando un estilo de vida saludable”.
LA IMPORTANCIA DE LA RUTINA
En su libro ‘Repara, resetea, revive’ (Penguin Random House), esta doctora subraya la relevancia de establecer rutinas como base fundamental de un estilo de vida saludable, no sólo para prevenir el cáncer, sino también el surgimiento de otras enfermedades como la hipertensión y la diabetes.
Justifica su énfasis en la rutina, indicando que desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, “todo está regulado por señales bioquímicas”. “Nuestro cuerpo es química. Un sistema principal involucrado en todos estos procesos son las hormonas y las señales bioquímicas, que se liberan gradualmente durante el día. Sin una rutina adecuada, nuestro cuerpo puede perder el equilibrio de estas señales”, advierte la doctora Sánchez.
Menciona ejemplos relacionados con el sueño y la alimentación, enfatizando la necesidad de mantener horarios estables tanto para las comidas como para dormir. “Para una correcta digestión, el organismo requiere de señales bioquímicas precisas; lo mismo ocurre al dormir, con la liberación de melatonina. Si no mantenemos horarios regulares, nuestro cuerpo no sabrá cómo responder”.
“Es crucial implementar la ‘rutinoterapia’ para que el cuerpo pueda entrenarse y funcionar de manera regular. Aunque nuestro organismo sabe qué hacer, las interferencias en horarios y actividades se perciben como agresiones por el cuerpo, lo que incrementa la inflamación”, alerta esta oncóloga médica, experta en medicina del estilo de vida.
NO OLVIDAR EL ESTRÉS
No obstante, es fundamental no pasar por alto el estrés. Según la doctora, este fenómeno afecta negativamente a todos nuestros mecanismos de protección, incluido el sistema inmune, ya que “un aumento constante de cortisol impide que el sistema inmune elimine las células tumorales, y también estamos más propensos a infecciones ante el estrés”.
La doctora enfatiza que el estrés puede perturbar nuestro sueño y descanso nocturno, momentos cruciales para la salud, donde el cuerpo realiza reparaciones de células dañadas y restablece su funcionamiento normal.
“Además, el estrés puede desregular nuestro metabolismo, lo que genera un aumento del apetito y picos de insulina, alterando los mecanismos de regulación de la glucosa. Esto crea un entorno desfavorable para las células, intensificando la inflamación. El estrés es un importante desencadenante que impacta negativamente todos nuestros sistemas. Es una carga diaria, sutil y a menudo invisible”, concluye la doctora Sánchez.



