Un estudio internacional indica que la combinación de alcohol y mala nutrición intensifica el daño hepático a través del eje intestino-hígado.

Un estudio internacional indica que la combinación de alcohol y mala nutrición intensifica el daño hepático a través del eje intestino-hígado.


Archivo – Un estudio internacional revela que unir alcohol y mala nutrición agrava el daño hepático por el eje intestino-hígado

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   MADRID, 3 Mar. –

   Un estudio internacional liderado por investigadores de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) ha revelado que la combinación de alcohol y una mala alimentación agrava el daño hepático a través del eje intestino-hígado, ya que el consumo del primero y una dieta rica en grasas no solo suma riesgos, sino que los multiplica.

   Este trabajo preclínico, publicado en la revista especializada ‘Gut Microbes’, y cuya mayor parte se ha llevado a cabo en el Departamento de Inmunología, Oftalmología y Otorrinolaringología del citado centro académico, ha contado con 37 autores de siete países. El estudio aporta evidencia sobre cómo interactúan la ingesta de alcohol y los factores metabólicos en el desarrollo y progresión de la enfermedad hepática esteatósica (SLD).

   Desde la UCM han explicado que esta patología compleja no afecta únicamente al hígado, sino que implica a distintos órganos y sistemas del cuerpo. En los últimos años, se ha puesto el foco en la estrecha relación entre el intestino -incluida su microbiota- y el hígado, conocida como el eje intestino-hígado.

   Los investigadores utilizaron un modelo experimental en ratones, denominado DUAL, el cual combina una dieta de tipo occidental, rica en grasas, con un 10 por ciento de alcohol añadido al agua de bebida. Esto permitió analizar el efecto conjunto de una alimentación poco saludable y el consumo moderado de alcohol, una situación frecuente en la vida real.

   Los resultados muestran que cuando el alcohol se combina con factores de riesgo metabólico -como la obesidad o una dieta rica en grasas saturadas- no debe considerarse simplemente como una enfermedad hepática por alcohol (ALD), ni únicamente como enfermedad hepática asociada a disfunción metabólica (MASLD).

DUALIDAD

   Ambos factores interactúan y se potencian mutuamente, dando lugar a una forma ‘dual’ de la patología más agresiva. En este estudio, se ha observado una relación bidireccional: el alcohol incrementa la preferencia por alimentos ricos en grasas y este tipo de dieta, a su vez, puede aumentar el deseo de consumir alcohol.

   Por ello, la combinación de alcohol y grasa altera el funcionamiento del intestino, aumentando la absorción de lípidos y enviando grandes cantidades de ácidos grasos al hígado. Paralelamente, el hígado pierde parte de su capacidad para procesar y eliminar esa grasa, lo que favorece su acumulación, dañando la barrera intestinal, incrementando la inflamación y alterando la microbiota.

   Las consecuencias de este proceso son la activación de mecanismos inflamatorios en el hígado que pueden acelerar la progresión hacia formas más graves de la enfermedad, como inflamación crónica y fibrosis. Se ha confirmado que la combinación de alcohol y factores metabólicos empeora significativamente el daño tanto intestinal como hepático.

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