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El magnate neoyorquino afirma que las tarifas de paso son «ridículas» y denuncia un acercamiento entre Panamá y China.
MADRID, 20 Ene. –
El canal de Panamá, una vía crucial de 82 kilómetros que cruza el istmo panameño, es responsable de aproximadamente el 6 por ciento del comercio mundial. Recientemente, ha captado la atención tras las amenazas del recién inaugurado presidente estadounidense, Donald Trump, de tomar control de este paso estratégico, construido por Estados Unidos en el siglo XX.
Este canal conecta el océano Atlántico con el Pacífico, gracias a un complejo sistema de esclusas que facilita el paso de embarcaciones. Actúa como un pilar del transporte marítimo global, permitiendo el tránsito de cerca de 14.000 buques anualmente, en lugar de realizar el difícil recorrido alrededor del cabo de Hornos.
El cruce moderno, que normalmente lleva alrededor de dos semanas, puede hacerse en unas diez horas a través del canal, que es vital para la conexión entre estos océanos. Según la Autoridad del Canal de Panamá, en 2022, se registraron 13.489 buques, lo que se traduce en un promedio de 37 barcos diarios. Desde su apertura en 1914, más de un millón de embarcaciones han transitado por el canal.
La construcción del canal comenzó en 1903, poco después de la formación de la República de Panamá. Trabajos que duraron más de diez años involucraron a aproximadamente 56.000 trabajadores de 30 países, aunque alrededor de 5.600 perdieron la vida durante la construcción.
A pesar de que Panamá otorgó inicialmente derechos a Estados Unidos para operar el canal, la estructura regresó a Panamá tras años de protestas y disturbios, culminando con los Tratados de Torrijos-Carter. Estos tratados permitieron la cesión gradual del control del canal a Panamá, finalizando en 1999. Para más información sobre la historia del canal, visita aquí.
Los tratados aseguraron la neutralidad del canal y preservaron el derecho de Estados Unidos a defenderlo de posibles amenazas. Tras su finalización, Panamá obtuvo la soberanía sobre la llamada Zona del Canal, que ahora está bajo su legislación denominada Área Canalera.
La administración del canal quedó bajo el control de una agencia del gobierno estadounidense, con un consejo compuesto por cinco estadounidenses y cuatro panameños, todos designados por Washington.
Entre 2007 y 2016, se llevó a cabo un proceso de expansión que incluyó la introducción de esclusas más grandes para el paso de barcos de mayor tamaño, con el fin de optimizar la cadena de suministros.
TARIFAS Y CONTROL
Trump ha planteado recientemente medidas de presión, tanto militares como económicas, para ejercer control sobre el canal de Panamá y otros territorios, como el archipiélago de Groenlandia.
El empresario ha criticado a Panamá por cobrar tarifas exorbitantes por el uso de esta vía marítima, sugiriendo que el país centroamericano está bajo la creciente influencia de China. Por ello, Trump ha arremetido contra el gobierno panameño, acusándolo de establecer tarifas ridículas a una nación que ha sido «extraordinariamente generosa» con Panamá.
En un discurso a principios de enero, el republicano indicó que, si no se respetan los términos del acuerdo entre ambos países, se solicitaría la devolución del canal, declaraciones que fueron rechazadas por las autoridades panameñas. No obstante, el propio tratado estipula que el canal debe ser neutral, evitando que se apliquen exenciones a barcos de ciertas banderas.
El ministro de Exteriores panameño, Javier Martínez Sacha, declaró que la soberanía del canal «no es negociable» y se considera una «conquista irreversible». Esta postura ha llevado a otros países, incluida China, a apoyar la neutralidad del canal y la soberanía panameña. El presidente panameño, José Raúl Mulino, ha afirmado que «cada metro cuadrado del canal y su zona adyacente es de Panamá y lo seguirá siendo».
Trump no es el primer político de Estados Unidos en cuestionar la soberanía panameña. En 1976, Ronald Reagan comentó que la verdadera propiedad del canal correspondía al pueblo estadounidense.
Recientemente, las tarifas de cruce han aumentado debido a una severa sequía, que ha disminuido el nivel del agua y ha amenazado el funcionamiento del sistema de esclusas. Además, el gobierno panameño ha restringido el número de buques que cruzan la zona para mitigar el impacto ambiental.
Estados Unidos, seguido de China y Japón, sigue siendo el principal usuario del canal, siendo casi el 72 por ciento de la carga destinada a o proveniente de puertos estadounidenses. La mayor parte del tráfico incluye petróleo, grano, carbón, crudo, vehículos y comida enlatada.
PRESENCIA CHINA
Trump ha expresado su preocupación por la creciente presencia china en la región, sugiriendo incluso el despliegue de tropas chinas operando el canal desde las sombras.
El presidente panameño Mulino ha desmentido estas afirmaciones, asegurando que «no hay soldados chinos en el canal». Además, enfatizó que el canal no está controlado por ninguna potencia, incluyendo a China o Estados Unidos, y que todos son libres de visitarlo.
No obstante, hay dos puertos de entrada al canal que son gestionados por la compañía Hutchison Holdings, con sede en Hong Kong, lo que ha generado inquietud en Estados Unidos. Washington ha observado un acercamiento entre Panamá y China, especialmente después de que Panamá rompiera relaciones diplomáticas con Taiwán para unirse a la iniciativa de la Franja y la Ruta de China.



