
– Europa Press/Contacto/Marwan Naamani
MADRID, 27 Jun. (EUROPA PRESS) –
El texto definitivo del acuerdo marco firmado este pasado viernes por Líbano e Israel no implica en modo alguno la retirada israelí de las áreas invadidas en el sur del país. Esta salida será «gradual» y condicionada al desarme de las milicias de Hezbolá, aplicándose únicamente en dos «zonas piloto», que según fuentes oficiales israelíes, se encuentran más allá de los límites originales de la «zona de amortiguación» que se estableció en abril.
El acuerdo, publicado por el Departamento de Estado de EEUU, menciona un «proceso recíproco y gradual» en el que el Ejército libanés «restablecerá la soberanía efectiva» sobre su territorio, aunque «a la espera del desarme verificado» de Hezbolá, que ya ha rechazado este acuerdo y ha advertido que no iniciará un proceso de desarme basado en estas conversaciones entre Beirut y Tel Aviv.
El texto hace referencia a «zonas piloto» cuya seguridad será asumida, también «gradualmente», por el Ejército de Líbano, si Israel considera que existen las garantías de seguridad necesarias. Por el momento, se han acordado dos «zonas iniciales» que Israel abandonaría de inmediato. Sin embargo, estas zonas pertenecen al sur del país que Israel ha ocupado más recientemente y no incluyen posiciones estratégicas como la fortaleza cruzada de Beaufort, bajo control israelí desde el 31 de mayo.
Futuras «zonas piloto» serán establecidas «de mutuo acuerdo» y la población libanesa solo podrá regresar «una vez confirmado el desarme exitoso y el desmantelamiento de la infraestructura» de Hezbolá y tras concluir «los esfuerzos de reconstrucción con apoyo internacional».
Beirut se compromete a restablecer el monopolio estatal del uso de la fuerza, implicando no solo el desarme de Hezbolá, sino también la exclusión del partido-milicia de cualquier papel militar o de seguridad. Además, promete implementar un «programa riguroso, basado en resultados, para fortalecer la capacidad de las Fuerzas Armadas Libanesas». Israel, por su parte, declara por escrito que «no tiene ambiciones territoriales» en Líbano y reconoce el «ejercicio de soberanía» del Gobierno libanés, aunque se reserva el «derecho a la autodefensa» ante cualquier nuevo ataque de Hezbolá.
Ambas naciones acordaron formar un grupo de coordinación militar, con apoyo y participación de Estados Unidos, para garantizar la implementación general del acuerdo marco.
Por otra parte, Estados Unidos movilizará a socios internacionales para apoyar al Gobierno de Líbano en la reconstrucción del país, reparación de la infraestructura, reactivación de la economía y creación de oportunidades para el futuro. Esto incluirá «importante ayuda humanitaria y de reconstrucción», así como programas de recuperación económica e iniciativas de inversión, para ayudar al país a recuperarse de años de conflicto y ofrecer un futuro mejor a todos sus ciudadanos.
Finalmente, en línea con sus «objetivos comunes de establecer relaciones pacíficas y estables», Israel y Líbano se comprometen a adoptar «medidas de buena fe que demuestren una intención positiva», incluyendo el cese de todas las acciones hostiles en foros políticos o jurídicos internacionales, así como trabajar en la búsqueda y devolución de restos humanos y la liberación de los detenidos.



