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MADRID, 9 Feb. –
Un nuevo estudio revela que la **retinopatía diabética**, una de las principales causas de pérdida de visión en personas con diabetes, presenta signos evidentes de inflamación y daño vascular desde sus fases más tempranas, incluso antes de que se manifiesten complicaciones visibles en el ojo.
Este trabajo ha sido liderado por científicos de la Unidad de Investigación Oftalmológica ‘Santiago Grisolía’ de FISABIO y apoyado por la Red de Enfermedades Inflamatorias (RICORS-REI). Los investigadores han analizado el humor acuoso, un líquido transparente en la parte anterior del ojo, y hallaron que los pacientes con **retinopatía diabética en fases iniciales** presentan mayores niveles de moléculas relacionadas con la inflamación crónica y la alteración de los vasos sanguíneos que los diabéticos sin retinopatía y los controles.
Estos cambios moleculares son detectables incluso cuando no hay ningún signo en el fondo de ojo, lo que indica que la enfermedad comienza a desarrollarse silenciosamente mucho antes de mostrar cambios retinianos en estadios más avanzados. Esto abre la posibilidad de utilizar estas moléculas como biomarcadores diagnósticos preventivos.
La investigación, publicada en el International Journal of Molecular Science, lleva por título ‘Exploring Molecular Signatures Associated with Inflammation and Angiogenesis in the Aqueous Humor of Patients with Non-Proliferative Diabetic Retinopathy’ (explorando firmas moleculares asociadas con la inflamación y la angiogénesis en el humor acuoso de pacientes con retinopatía diabética no proliferativa).
Entre los biomarcadores identificados se destacan varias interleucinas (IL), como la IL-1B y la IL-6, proteínas que actúan como mensajeros del sistema inmunitario y que se relacionan con procesos de inflamación crónica.
También se han detectado niveles altos de VEGF (factor de crecimiento del endotelio vascular), una molécula implicada en la angiogénesis; de GM-CSF (factor de estimulación de colonias de granulocitos y macrófagos), que estimula células del sistema inmune; y de varias quimiocinas, como MCP-1 o IP-10. La presencia aumentada de estos mediadores sugiere que, incluso en fases tempranas de la enfermedad, existe una respuesta inflamatoria localizada dentro del ojo.
Los resultados del estudio indican que este perfil molecular -llamado firma inflamatoria y angiogénica- podría tener un gran valor como herramienta de diagnóstico precoz y para la estratificación del riesgo, permitiendo identificar a los pacientes con mayor probabilidad de progresión antes de que se presenten lesiones visibles en la retina. Además, abre la puerta al desarrollo de nuevas estrategias terapéuticas dirigidas específicamente contra estas moléculas con el fin de frenar el daño vascular y preservar la visión en personas con diabetes.
Una de las autoras, Maria Dolores Pinazo, catedrática de Oftalmología de la Universidad de Valencia, destaca que este descubrimiento avanza en el diagnóstico molecular de la **retinopatía diabética** e incluso permite personalizar las intervenciones terapéuticas para prevenir la pérdida visual en pacientes diabéticos.
LA RETINOPATÍA DIABÉTICA COMO ENFERMEDAD INFLAMATORIA
La **retinopatía diabética** es una complicación ocular asociada a la diabetes mellitus tipo 2, una enfermedad metabólica crónica caracterizada por niveles altos de glucosa en sangre. Ocurre cuando el exceso de glucosa daña progresivamente los pequeños vasos sanguíneos de la retina. En fases iniciales, conocidas como retinopatía diabética no proliferativa (NPDR), la enfermedad puede avanzar silenciosamente, sin síntomas visuales.
Estos hallazgos refuerzan la idea de que la **retinopatía diabética** no es solo una enfermedad vascular, sino un proceso en el que la inflamación juega un papel crucial desde el inicio. Este entorno inflamatorio puede contribuir al daño progresivo de la retina y facilitar complicaciones que afectan irreversiblemente la visión.
Un aspecto relevante es que el humor acuoso puede obtenerse de manera segura durante cirugías habituales, como la operación de cataratas. Esto permite usar este líquido como fuente de información biológica para detectar cambios asociados a la enfermedad, evaluar el riesgo de progresión y, en el futuro, personalizar el seguimiento y tratamiento de los pacientes con diabetes.
Además, el estudio sugiere que los tratamientos actuales, que se centran en etapas preproliferantes o proliferantes para frenar el crecimiento de neovasos, podrían complementarse en el futuro con terapias que controlen la inflamación, especialmente en fases tempranas, cuando es posible prevenir un daño mayor.
En conjunto, estos hallazgos apoyan un enfoque más preventivo y personalizado de la **retinopatía diabética**, buscando actuar antes de que la enfermedad cause pérdida visual significativa y mejorando así la calidad de vida de las personas con diabetes.



