
MADRID, 2 Feb. –
La salud va mucho más allá de una analítica o de una prueba de imagen. Así lo defiende el doctor Juan Manuel Felices, @doctorfelices, en una entrevista, quien recuerda que cuidar la mente es una condición indispensable para vivir con salud, incluso cuando aparece la enfermedad.
En este reportaje, este doctor en Medicina y especialista en Radiología Diagnóstica e Intervencionista, explica cómo la confianza, la actitud vital, el optimismo, los vínculos afectivos, o la música activan auténticos mecanismos biológicos de bienestar – desde la respuesta inmunitaria hasta la analgesia natural del cerebro – y por qué nuestra «psique» es en realidad, una de las herramientas terapéuticas más poderosas de las que disponemos.
Precisamente, acaba de publicar ‘Radiografía de una vida sana’, donde destaca, eso sí, que ninguno estamos exentos de enfermar, si bien sostiene que «debemos tener en mente que la enfermedad no nos despoja de una vida sana». Esto, tal y como insiste, depende más de nuestra actitud y de nuestra forma de abordar la enfermedad y la vida, que de un estado analítico o de pruebas de imagen. «No se puede reducir la salud a lo que dice un papel en la analítica. Nuestra actitud vital es fundamental», resalta.
En primer lugar, habla de la confianza el también profesor en la UCAM y divulgador en redes sociales. Señala que la confianza calma nuestro estrés y, al calmarlo, se deja la vía libre a nuestro cuerpo para curarse mejor: «Cuando uno se siente tranquilo y esperanzado, ese ambiente interno es más favorable para que el sistema inmunitario haga su trabajo sin interferencias. (…) La confianza activa mecanismos reales de analgesia y de recuperación dentro de ti».
NUESTRO CUERPO ES UNA «FARMACIA INTERNA»
Aquí resalta que «nuestro cuerpo es una ‘farmacia interna'» y nuestro cerebro no sólo detecta dolor, sino que también puede fabricar analgésicos naturales potentes, como las endorfinas, la serotonina, o la dopamina, entre otras, pero sólo si recibe el mensaje adecuado. Menciona la importancia de confiar en los tratamientos y del famoso efecto placebo, que tiene «base biológica concreta y firme», tal y como subraya.
«El efecto placebo es una de las respuestas de nuestro organismo a cualquier tratamiento de rehabilitación o farmacológico, que tiene efectos más que demostrados. Es fundamental conocer que este efecto no es producto de la casualidad, sino que siempre que nos sometemos a un tratamiento y tenemos confianza o predisposición a que funcionará, todo irá mejor. Es más fácil si confiamos en él que si no lo hacemos. Esa manera de afrontar el tratamiento permite que las hormonas que deprimen al sistema inmunitario, como las relacionadas con el estrés, desciendan y permitan que este trabaje a pleno rendimiento, encargado de procesos de recuperación y regeneración del cuerpo», relata el doctor Juan Manuel Felices.
DI SÍ AL POSITIVISMO Y A LA CONFIANZA EN EL DÍA A DÍA
También, según prosigue este divulgador científico en redes sociales, si tenemos confianza tendremos una mayor adherencia al tratamiento, «otro componente fundamental para afrontar el día a día».
«Ser positivo, querer que las cosas salgan bien y luchar por ello nos predispone a tener actividades que nos ayuden a estar mejor. La gente desconoce la cascada que se genera a nivel hormonal y de neurotransmisores, beneficiando nuestra salud, cuando somos agradecidos y sonreímos. Hay mediadores del bienestar en nuestro cuerpo que, cuando somos positivos, nos ayudan a seguir siéndolo», sostiene.
Describe además un ‘feedback positivo’, de manera que esta cascada hormonal que se activa en el cuerpo, al interactuar con los demás, les transmite esa actitud. «Si reciben ‘inputs positivos’, esas personas tendrán predisposición a actuar de manera positiva», asegura Felices.
«Si tuviéramos más querencia por dar cariño o positividad, lo más seguro es que eso nos regrese. Pero si perdemos esa querencia y tenemos una actitud que nos cuesta mostrar positividad o cariño a familiares y amigos, nos irá peor. Es bueno para llevar una vida sana demostrar a los demás que nos gustan, que disfrutamos de su compañía, como hacen los perros, que son agradables y para muchos un miembro más de la familia, mostrándonos su alegría y positividad», remarca.
En este libro, igualmente apunta a la amistad, recordando que se trata de «la medicina centenaria que nos recetó Epicuro», enfatizando que un amigo puede favorecer nuestra salud porque no sólo puede ser nuestro compañero de entrenamientos, sino que va a estar ahí cuando lo necesitemos, por ejemplo, al ir al médico o someterse a un tratamiento oncológico.
Asimismo, indica que dentro de ese proyecto de vida sana también funcionan las ‘dosis de realidad inversa’, subrayando que nuestro «marco de referencia emocional cambia cuando tomas conciencia de que, en el gran bazar del sufrimiento humano, tu queja está bien lejos del escaparate; la gratitud activa circuitos neuronales relacionados con las emociones positivas y la conexión social, y actúa como un contrapeso natural a la ansiedad y a la depresión».
DE DÓNDE VENIMOS INFLUYE Y LA MÚSICA QUE ESCUCHAMOS
También menciona que los lugares a los que desarrollamos un vínculo afectivo pueden tener efectos positivos reales sobre nuestra salud mental, e incluso física: «Volver a casa de vez en cuando puede ser una medicina poderosa. Un viaje de regreso a tu tierra puede renovar tu motivación, recordarte por qué empezaste tu aventura y darte fuerzas para continuar. Tus raíces curan porque estar allí es como abrazar a tu niño interior y decirle ‘estás a salvo'».
Finalmente, señala que la música es un analgésico natural. «Sus beneficios alcanzan hasta funciones vitales y, gracias a ella, puede disminuir la mortalidad. (…) La música es una medicina del alma para la vida cotidiana. (…) Escuchar música nos puede ayudar diariamente. Es un conductor de emociones, capaz de transformarlas. Hay mucha investigación al respecto», concluye.



