
MADRID, 15 Feb. –
Cada año se diagnostican en España unos mil casos de cáncer en niños de 0 a 14 años, cifra que asciende a 1.500 si consideramos a los adolescentes (0-18), con una supervivencia media del 84%. Sin embargo, el cáncer infantil presenta causas y comportamientos diferentes al cáncer en adultos, y sus síntomas suelen ser inespecíficos, lo que complica su detección precoz.
En el Día Internacional del Cáncer Infantil, este 15 de febrero, entrevistamos a la presidenta de la Sociedad Española de Hematología y Oncología Pediátricas (SEHOP), la doctora Adela Cañete, sobre lo que conocemos acerca de las causas del cáncer en menores, signos que deben alertar a las familias —como la leucocoria (pupila blanca) o dolores persistentes ‘inexplicables’—, y las secuelas que pueden afrontar los supervivientes.
En concreto, el Registro Español de Tumores Infantiles (RETI-SEHOP) señala que los tipos más comunes de cáncer en niños incluyen leucemias, linfomas, tumores del sistema nervioso central (SNC), así como neuroblastoma, nefroblastoma o tumor de Wilms, sarcomas óseos y retinoblastoma (predominante en menores de dos años).
EL CÁNCER EN NIÑOS Y ADULTOS ES DISTINTO
La doctora Cañete subraya que el cáncer en adultos y en niños difiere significativamente: “Para el cáncer adulto hay ciertos conocimientos sobre sus causas, vinculadas al envejecimiento y exposición a tóxicos. En los menores, se trata de tumores de origen embrionario, como el neuroblastoma o retinoblastoma. Esto no implica que el niño nazca con un tumor o que lo herede, sino que hubo un grupo celular que perdió control en su desarrollo, originando la neoplasia”.
La directora Científica del RETI-SEHOP aclara que para que una célula se “altere” son necesarios dos eventos significativos: una alteración original que desregule el mecanismo, y una aceleración de este comportamiento anómalo, a menudo atribuida a exposiciones a fármacos o causas virales.
En los cánceres infantiles, los factores genéticos suelen ser más relevantes que los medioambientales, aunque estos últimos están siendo intensamente investigados. “En el 10% de los casos, el cáncer infantil es genético, y en los demás, se presenta una desregulación en el proceso de formación de células y órganos”, enfatiza.
SÍNTOMAS DE ALERTA DEL CÁNCER INFANTIL
La doctora Cañete enfatiza que, a diferencia de los adultos, no se pueden implementar programas de cribado para menores, como las mamografías para la detección de cáncer.
“Los niños presentan síntomas inespecíficos que pueden confundirse con enfermedades comunes, por lo que es crucial una detección precoz. La capacitación de pediatras en atención primaria y hospitalaria es esencial”, afirma.
Entre los signos de alarma del cáncer infantil incluye ‘situaciones extrañas’, como dolores lumbares inusuales, cefaleas que no siguen un patrón normal o fiebre con adenopatía. “Estos síntomas son comunes y generalmente se relacionan con enfermedades infantiles frecuentes, pero a veces deben hacer sonar la alarma para descartar cáncer», indica Cañete.
Asimismo, destaca un signo importante en el que las familias juegan un papel fundamental: “La leucocoria, o la aparición de la pupila blanca en fotografías, es indicativa de retinoblastoma, un tipo de tumor ocular”.
La doctora también expresa su preocupación por los adolescentes, ya que sus síntomas tienden a ser “insidiosos”, como dolores de espalda atribuidos a malas posturas o bultos que no mencionan por vergüenza.
REPERCUSIONES DEL CÁNCER INFANTIL
Uno de los aspectos más preocupantes para los profesionales de la salud y las familias son las posibles repercusiones del cáncer infantil en el desarrollo de los niños, incluyendo secuelas físicas, cognitivas y emocionales a largo plazo.
La doctora Cañete estima que entre el 50% y el 75% de los casos pueden experimentar secuencias significativas a nivel musculoesquelético, de fertilidad, neuropsicológicas o endocrinas entre aquellos niños que sobreviven.



