
MADRID, 30 Dic. (EDIZIONES) –
Un proyecto español tiene el potencial de transformar nuestro entendimiento sobre las fases iniciales del Alzheimer. La profesora Maite Solas, de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Navarra (Pamplona), ha recibido una prestigiosa ERC Consolidator Grant para promover ‘HyperAstroMet’, una investigación innovadora que se enfoca en un aspecto poco estudiado: cómo el metabolismo de la glucosa en el cerebro, especialmente en los astrocitos, podría ser uno de los factores más precoces de la enfermedad.
En lugar de seguir con la perspectiva tradicional centrada en las proteínas beta amiloide y tau, este enfoque sugiere que un «fallo energético» que ocurre antes, de manera silenciosa y difícil de detectar, podría iniciar la cascada neurodegenerativa. El proyecto busca abrir nuevas vías terapéuticas y anticiparse al Alzheimer antes de que surjan los primeros síntomas clínicos.
«La neurona es la célula más estudiada en la historia, y al final, es la que muere con el Alzheimer. Este proyecto puede ser un cambio de paradigma porque hay células que la rodean y quizás podrían explicar las causas de la enfermedad. Por esto queremos analizar la energética cerebral y, trabajando en conjunto, podríamos encontrar una combinación eficaz de fármacos para estos pacientes», defiende la profesora e investigadora de la Universidad de Navarra en una entrevista.
EL METABOLISMO CEREBRAL Y EL ALZHEIMER
«El cerebro utiliza la glucosa como su principal fuente de energía. Es un tejido muy activo y, para que las neuronas funcionen, necesitan mucha energía, así que utilizan la glucosa. Este órgano representa alrededor del 2% de nuestro peso corporal, pero consume hasta un 25% de la glucosa que ingerimos. Es muy demandante de glucosa, ya que esta proporciona energía rápidamente y el cerebro requiere conexiones neuronales ágiles. Lo que planteamos en este estudio es que, al inicio de la enfermedad, en etapas muy tempranas, ese uso de glucosa podría comenzar a fallar», destaca Maite Solas.
Con este estudio, se busca demostrar, según explica, cómo el metabolismo de la glucosa se altera en las primeras etapas de la enfermedad de Alzheimer. «Lo novedoso es que antes se pensaba que la glucosa no jugaba un papel significativo en el desarrollo del Alzheimer, y proponemos que, específicamente, un tipo de célula del cerebro, los astrocitos, pueden utilizarla en exceso, contribuyendo a esta neurodegeneración», enfatiza.
El estudio se centra en estas células gliales, los astrocitos, que durante décadas se pensaba que solo proporcionaban soporte a las neuronas, pero ahora se reconoce que una de sus principales funciones es regular el estado energético del cerebro.
«Este proyecto sugiere que, en las fases iniciales de la enfermedad, los astrocitos podrían experimentar un cambio que los lleva a un funcionamiento metabólico desregulado. Para satisfacer esa creciente demanda energética, estas células gliales comienzan a consumir más glucosa de lo normal, causando un desequilibrio que puede provocar daños progresivos en el tejido cerebral. Y todo esto sucedería antes de que las neuronas comiencen a deteriorarse«, explica.
UN CAMBIO DE PARADIGMA
Sin embargo, Maite Solas enfatiza que no descarta a estas proteínas de la «ecuación», creyendo que pueden estar interconectadas en el comienzo de la enfermedad neurodegenerativa. «De hecho, las vacunas desarrolladas para el Alzheimer han mostrado cierta eficacia contra la proteína beta amiloide. El estudio no lo excluye. Pero, plantea un elemento innovador al sugerir que esa alteración metabólica puede ocurrir antes de que se puedan detectar estas proteínas, lo que no significa que no estén presentes», agrega.
Esto sugiere que tal vez el mensaje para que el astrocito perciba esa mayor necesidad energética sea que podría haber un exceso de estas proteínas, que envían señales erróneas al tejido cerebral. «Tau y beta amiloide pueden formarse en exceso, enviando una señal al astrocito de que hay una mayor necesidad energética, lo que provoca que este astrocito consuma más glucosa y, como resultado, surja mayor inflamación y acumulación de beta amiloide y Tau», sostiene esta profesora de la Universidad de Navarra.
A través de este proyecto científico, Solas plantea que, para detener esta patología, podría ser necesario prevenir ese cambio en el astrocito. «Quizás, además de las vacunas contra el Alzheimer que están en desarrollo—que limitan su eficacia—la investigación podría llevar a nuevas tratamientos que mejoren la energética cerebral; así, podrían convertirse en tratamientos sinérgicos», concluye.
«UN ANTES Y UN DESPUÉS» EN LA INVESTIGACIÓN
Finalmente, esta investigadora reconoce que la concesión de la ERC Consolidator Grant ha representado un «antes y un después» en su labor científica. Estas ayudan que el European Research Council (ERC) otorga a investigadores con 7-12 años de experiencia tras el doctorado, «tienen como objetivo consolidar equipos y liderar proyectos científicos avanzados, evaluados según criterios de excelencia», informa la institución.
La profesora Maite Solas expresa que «su vida ha cambiado» y, gracias a esta ayuda, podrá establecer un proyecto a largo plazo, con financiación para 5 años, y contratar a cinco investigadores. «Uno de los problemas en la investigación española es la financiación, que generalmente es a corto plazo, de 2-3 años, provocando una sensación constante de necesidad de fondos para avanzar. Por ello, contar con apoyos por 5 años representa un enfoque a largo plazo, que brinda seguridad y permite investigar múltiples años sobre un mismo proyecto con un equipo amplio», exalta Maite Solas.



