Una psiquiatra advierte que la ausencia de apego temprano puede resultar en graves trastornos psiquiátricos.

Una psiquiatra advierte que la ausencia de apego temprano puede resultar en graves trastornos psiquiátricos.


Archivo – Imagen de recurso de una madre jugando con su hija.

– GETTY IMAGES/ISTOCKPHOTO / ANTONIO GUILLEM

MADRID 11 Mar.

La psiquiatra María Eugenia Herrero ha enfatizado que el apego es fundamental para el desarrollo infantil y ha alertado que su ausencia en las primeras etapas vitales puede causar, en los casos más severos, trastornos psiquiátricos graves, como el trastorno límite de la personalidad.

Asimismo, ha explicado que ante la falta de un apego adecuado, las manifestaciones psicopatológicas pueden surgir rápidamente, pudiéndose diagnosticar antes del año de vida a través de problemas de sueño y alimentación, irritabilidad significativa, llanto frecuente e incoercible, o incluso apatía y exceso de sueño.

“A medida que el niño crece, pueden surgir desconfianza y miedo, dificultades en las relaciones interpersonales, así como inseguridad, baja autoestima y conductas agresivas defensivas», ha puntualizado la experta durante su participación en el evento ‘XXVII Ateneo de Bioética’, una jornada dedicada a la biología y bioética del apego.

Además, la evidencia científica ha mostrado otras consecuencias a largo plazo: el maltrato y las alteraciones tempranas del apego aumentan el riesgo de trastornos ansioso-depresivos, el abuso de sustancias y otras afecciones médicas, desde enfermedades cardiovasculares hasta diabetes tipo II, reduciendo incluso la esperanza de vida.

Desde una perspectiva bioética, la especialista ha subrayado la responsabilidad de los profesionales sanitarios en detectar estas situaciones de forma temprana: «La responsabilidad y la ética de máximos que nuestra profesión médica exige nos invita a estudiar y conocer estos problemas para ser conscientes de su gran impacto en la salud general a lo largo de la vida del individuo». Por ello, ha señalado que pediatras, médicos de familia, obstetras y neonatólogos deben prestar especial atención a la díada madre-bebé, especialmente en contextos como la depresión posparto.

“EL APEGO ES UNA REALIDAD BIOLÓGICA”

Durante la jornada, expertos en neurociencia, psiquiatría, psicología y protección de menores han centrado la atención en cómo la ausencia de vínculos seguros está moldeando a una generación de adultos más propensa a patologías mentales y exclusión social.

El profesor Diego Gracia, presidente de la Fundación de Ciencias de la Salud, ha reiterado la importancia de abordar el apego no solo desde la evidencia científica, sino también desde la reflexión ética y social.

“El apego no es solo una categoría psicológica, sino una realidad biológica con profundos impactos éticos. Cuando falla, no solo se ve afectada la vida emocional del niño, sino también su salud integral y, por ende, nuestra responsabilidad social”, ha afirmado.

Posteriormente, el catedrático emérito de Anatomía Humana y Neurociencia de la Universidad Autónoma de Madrid, Carlos Avendaño, señaló que el conocimiento sobre el apego y sus trastornos está permitiendo, en primer lugar, entender mejor los mecanismos del desarrollo cerebral y conductual, así como los factores que impactan más en este desarrollo en las primeras etapas.

“Por otra parte, permite apreciar con mayor claridad el daño duradero que la adversidad o el maltrato precoces pueden ocasionar no solo al individuo que lo ha sufrido, sino también a su descendencia. Muchas de las alteraciones neurales generadas son duraderas y algunas pueden ser irreversibles. Sin embargo, el cerebro tiene capacidades adaptativas que, si se estimulan adecuadamente mediante mejores estrategias preventivas y terapéuticas, pueden reorganizar o restaurar funciones y conductas distorsionadas o perdidas”, añadió Avendaño.

EL SISTEMA DE PROTECCIÓN Y EL DERECHO AL APEGO SEGURO

La segunda mesa de la jornada ha discutido la dimensión jurídica y social del apego, con especial atención al sistema español de protección de menores. En ella participaron Helena García, psicóloga del Centro de Estudios Superiores Cardenal Cisneros; y Salomé Adroher, profesora de Derecho de la Universidad Pontificia Comillas; la sesión fue moderada por Blanca Morera, psiquiatra y miembro del Área de Bioética de la Fundación de Ciencias de la Salud.

A pesar de que la Ley Orgánica de Protección Jurídica del Menor establece que deben prevalecer las medidas familiares sobre las residenciales, y las permanentes sobre las temporales, en muchos casos no se cumple ninguna de estas condiciones. Según datos oficiales de 2024, apenas un 45% de los niños en el sistema de protección estaba en acogimiento familiar, según explicó Adroher.

Así, ha resaltado la importancia de fomentar vínculos seguros desde los primeros años, destacando el papel de las familias y entornos educativos en la construcción de relaciones afectivas estables. “Es evidente que solo las familias pueden ofrecer un apego seguro a los niños; el sistema residencial, por muy pequeños que sean los centros y excelentes sus profesionales, jamás podrá reemplazar el papel de las familias”, ha añadido la experta.

Asimismo, ha demandado un compromiso institucional decidido por el acogimiento familiar, así como por facilitar la continuidad de los vínculos cuando un acogimiento pueda transformarse en adopción. “Hasta hace poco, en toda España esto era prácticamente imposible, resultando en situaciones donde muchos niños eran ‘arrancados’ de sus familias de acogida, con quienes llevaban años conviviendo, y entregados a familias adoptivas. No siempre una familia acogedora puede convertirse en adoptante, pero esta posibilidad legal debe existir y la familia con la que el niño está viviendo, si es idónea, debería tener prioridad”, ha sostenido.

Desde el punto de vista ético y jurídico, la ley establece claramente que el interés superior del menor debe prevalecer sobre cualquier otro interés legítimo, valorando al mismo tiempo los derechos fundamentales de las demás personas implicadas. Por todo ello, los expertos han subrayado la necesidad de reforzar los sistemas de apoyo a la infancia e integrar el conocimiento sobre el apego en las políticas públicas de protección.

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